31 octubre, 2015
King y el cine de antes
10 septiembre, 2013
Tarjetear
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| Año...desconocido. Una de las tantas tarjetas entregadas a mi nona. Como podrán ver, por suerte, esta es una costumbre que pasa de generación en generación. |
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| Año 2005. Una de esas Navidades en las que mamá, además de hacer el vitel thoné, se dedicó a hacer tarjetas artesanales. Acá, su creación e inspiración navideña. |
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| Año 1988. Una de esas tarjetas que valen oro en polvo. 100% artesanal. Creación personal y única de una de mis amigas del alma |
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| Año 1982. La chica estilo Sarah Kay yel infaltable minino a los pies. Tarjeta enviada para mi cumpleaños n° 7 de parte de mi tía del corazón |
26 febrero, 2013
Lo que toda mujer debe saber
12 febrero, 2013
El club más lindo del mundo
03 julio, 2012
Rescate emotivo
Sí, en pantuflas y bien cómodo en su sillón favorito, o ¿por qué no? en la cama. ¿Hay butaca mejor?
Al costado, en la mesita, una bandeja con una picadita y una botella. También el cenicero y los cigarrillos, porque este es el único cine donde se puede fumar.
Y al frente, el televisor sintonizado en Canal 13, porque ahora todos los sábados a la noche le trae el "sábado a la noche, cine" al seno mismo de su hogar, para ofrecerle:
A las 20.30 hs.: "Antes que en el cine" - A las 22 hs.: "Cine SEGBA sin cortes publicitarios"
Si Don Draper, el famoso publicista de Mad Men, hubiese visto este aviso de canal 13 de año desconocido seguro compraba la idea, aún sin saber de qué se trataba la sigla Segba. Cine para ver en pantuflas, ¿quién puede resistirse a esa idea de comodidad de ver el cine en casa, sin cortes o antes que en el cine?
Este aviso cayó en mis manos gracias a una costumbre familiar: atesorar recetas de cocina. Cual hormigas laboriosas en casa siempre recolectamos recetas de cuanta revista ande dando vueltas por ahí. A veces bastante improbables. Pato a la naranja, por ejemplo. También hay de las otras, básicas y necesarias: aproveche las sobras e improvise un omelette. La costumbre pasó de generación en generación y hoy soy algo así como la abeja reina de las recolectoras de recetas de la familia.
Hace unos días heredé unas bolsas que eran de mi nona repletas de recetas de todo tipo y procedencia. En esas bolsas podían convivir perfectamente Doña Petrona con Chichita de Erquiaga, el Gato Dumas con Narda Lepes, recetarios de varias marcas, un cuadernillo sobre los distintos usos de la leche condensada en postres y los dibujitos de aves y pescados que adornan y caracterizan las recetas de Blanca Cotta.
Organizar el material se convirtió en una tarea ardua y sensata. ¿Para qué conservar la receta del pato a la naranja cuando puede ser dignamente reemplazado por un carré con salsa de cítricos? Entre tanto recetario y consejos culinarios apareció esta publicidad y otras igual de viejas; Angel Face, Pelopincho, Pond's. Pero el "cine en pantuflas" no llegó al blog por casualidad. Dos de las cosas que más me gustan en la vida estaban ahí, en esa bolsa, como una señal de mi nona sabiendo que en algún momento encontraría el cine metido entre recetas de cocina y emprendería sendas misiones: ver cine y cocinar mucho. Ambas cumplidas y en permanente evolución.
Así fue cómo un rescate emotivo derivó en ímpetu culinario y cinéfilo. "Recetas de la abuela y cine en pantuflas". Una combinación a la que ningún publicista de Mad Men podría resistirse.
Una señal que sólo se transmite entre algunas nonas y nietas.
02 febrero, 2012
Salir de la madriguera
¿Qué cambiarías si pudieras repetir el día de ayer? Esa es la idea de la vieja y querida película Hechizo del tiempo, aunque su título original El día de la marmota resulta más simpático. Según la creencia, si el roedor no ve su sombra al salir de su madriguera porque el día está nublado, dejará la madriguera. Este comportamiento significa que el invierno terminará pronto.
Si por el contrario, como sucedió hoy, la marmota ve su sombra producida por el sol, reculará de nuevo a su madriguera, señal que el invierno durará seis semanas más.
Miles de turistas se trasladan cada año a la ciudad de Punxsutawney, en el Estado de Pensilvania, a observar a este singular meteorólogo que dio lugar a una simpática fiesta popular convirtiendo al roedor en un ícono, más allá de la exactitud de sus pronósticos.
Para chusmear más sobre la tradición y el comercio detrás del simpático roedor pueden ingresar a http://www.groundhog.org/30 diciembre, 2008
Casi
Antes que terminara el 2008 vino Robertito a casa y casi habla de Malvinas. Casi.
29 junio, 2008
El pelo de hoy
En lo de Susi te enterabas de todo: quién se había mudado del barrio, quién se había separado y quién era la afortunada que se casaba en unas horas. Si te habías perdido la novela de la Kuliok y Arnaldo André te hacían un resumen de lujo y ya estabas en carrera para seguir con el culebrón de todas las tardes. La cita obligada era los sábados. Una sabía cuándo entraba, nunca cuándo salía. No existían los turnos. Si tenías suerte de cruzarte con Susi unos días antes le adelantabas que el sábado necesitabas cierta prioridad y ella, cual genio de la lámpara, se las ingeniaba para hacer tu deseo realidad y camuflarse y camuflarte entre la clientela para atenderte primera sin que nadie se ofendiera, aunque la sensación universal era que te pasabas todo el día entre revistas, litros de spray y secadores de pelo intergalácticos. El ritual se mantuvo durante años pero, como todo tiene un final, el boliche de Susi cerró y en el barrio quedó el vacío y la misión de buscar un reemplazante. Es complicado confiarle nuestra cabellera a un sujeto. Digo, es casi fatal. Una puede escuchar sugerencias pero también hay algo fortuito en la relación con el peluquero. Encontrarlo es una búsqueda que puede durar años y un alto precio que se traduce en cortes desafortunados. Ir a la peluquería no deja de ser un trámite en el que no sólo se invierte dinero, también ilusión y coraje. Por eso es tan importante encontrar "el lugar" y sobre todo, un peluquero como la gente. Durante años tuve un acompañante capilar que me guió por todas las peluquerías de moda donde nos servían tragos a las 5 de la tarde, como en un boliche. El rally comenzó en una casona en el barrio de Devoto donde no había ningún cartel luminoso ni se hablaba de la novela de la tarde, pero iba Julio Bocca. El matrimonio peluquero no tardó en hacerse famoso, se mudaron y reciclaron un primer piso por escalera en Once. Habían crecido, tenían ayudantes y aprendices, salones kitsch y una familia de rottweillers dando vueltas por todo el lugar. Pedir turno se volvió imposible y eso motivó una nueva búsqueda que nos llevó al barrio de Caballito. El vecinito de mi guía capilar y sus amigos habían abierto Roho, un lugar mínimo con luces de neón en la puerta. Aunque nunca tuve la suerte de cruzarme con los Babasónicos o Cerati, esta gente sigue siendo clientela fija del lugar que claramente se amplió a unas cuadras del Pque. Rivadavia. La maratón siguió un camino que fue ensayo y error. Los lugares se volvieron impersonales pabellones de música electrónica que albergan chicos uniformados con preguntas molestas, pero dicen que no hay mal que dure cien años. El viernes pasado fui a una casona reciclada, colorida y alegre. No registré si había cartel de neón pero salí con luz propia. Y de eso se trata. Cada vez que decidimos cortarnos el pelo hay algo de limpieza kármica en ello, una necesidad constante de cambio. Puede salir bien o hundirnos en una terrible depresión. Lo cierto es que todas queremos salir radiantes. No importa el nombre, el cartel luminoso, si se habla de la novela de la tarde o del recital de Madonna. Lo importante es que hay lugares como La Lúdica que te hacen sentir bien como el inicio de una nueva relación, cuidada y escuchada como cuando iba a lo de Susi, pero sin la novela de Migré.
Nota: esto no podría haberse escrito sin la valiosa recomendación de Paola S.
La Lúdica queda en Soler esq. Malabia.
20 diciembre, 2007
Tristeza nao tem fin
Según la quiniela el 22 es "el loco". En la escuelita fuimos 22 aunque alguna vez supimos ser 30. La escuelita de los famosos fue una linda locura. Peleas, mudanzas, amores, odios, broncas, risas, pasillos. Hubo caídos en el campo de batalla, pequeños triunfadores precoces y una versión local y folclórica de los otros, los que llegaron a la isla de la calle Lavalle para sumarse a los sospechosos de siempre.Tres años de sangre, sudor y lágrimas. No importa cuánto de cada cosa. Hubo Piccirilli para el recuerdo, Abelardo, el negro Fontanarrosa, bunkers afrancesados y pro. Hubo preguntones, muñecos de torta y retroactivos. Fiestas, algo de teatro, emoción y sangre. Sin sangre no se puede todo esto.
Gracias totales.
20 noviembre, 2007
Gente de terror
Había muchos motivos para ir a lo de Ana María. El principal, o eso creía yo en aquel momento, era la pelopincho.Una casa con mucho verde y la gloriosa pileta de lona cuando el calor apretaba eran una bendición. Desde temprano me encallaba cual orca de Mundo Marino y salía del agua arrugada como pasa de uva. Ana, cada tanto, dejaba su Biblia (la revista Gente), entraba cuidadosamente a la pelopincho y comenzaba con una serie de movimientos cuasi mecánicos que se sucedían por repetición. La clave era mantener siempre húmedas nuca, cabeza y pecho. Como gata con cría hacía lo mismo conmigo. Me generaba cierto rechazo esa especie de revuelta bautismal, era uno de esos momentos en que deseaba más que nunca ser grande. Quería darme cuenta yo sola cuando podía estar insolándome o tener esa especie de poder vaticinar fiebre con sólo apoyar los labios en una frente, pero me dejaba hacer.

















