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25 abril, 2017

Cuanto más conozco a la gente


Queremos que haya más gente como Peggy en el mundo.
Con su casita confortable, con esos cuadros de ilustraciones de lavandas que en otro ámbito podrían ser de consultorio, pero no en lo de Peggy. Cada noche, mirando esas lavandas mientras acaricia a su beagle llamado Lápiz parece decirnos en silencio que, si algún día su situación sentimental cambia deberá ser por alguien tan fiel y leal como su perro. 
Peggy es la clase de persona que dice las cosas de frente y pone la oreja; con su jefe, su compañera de trabajo, su vecino, su hermano y su cuñada, pero cada vez, en cada intento, sale lastimada cuando se trata de humanos. En cambio, se entiende mejor con los animales. ¿Y cómo no entenderla?
La vida la cruzará por accidente con gente desagradable como Al, su vecino, que habla con orgullo de sus trofeos de caza, pero también conocerá a Newt que trabaja en un Programa de Adopción de Mascotas que sostiene - entre otras cosas - que "los animales no son mezquinos, no te apuñalan por la espalda." Por supuesto, Peggy va a enamorarse de Newt, no sólo porque a primera vista parece ser su versión masculina, sino porque Newt la conoce en un momento de gran fragilidad (no voy a spoilear de qué se trata, aunque podrán imaginarlo) y le ofrece adoptar a Valentine, un ovejero que busca un hogar. Impulsada y motivada por la aparición de Newt en su vida, Peggy lo acompaña en su trabajo proteccionista y se involucra en el Programa de Adopción, hace su propia búsqueda y transición al veganismo y parece encontrarse a sí misma. No es forzado. No es una postura. Está segura de lo que quiere. La vemos feliz. Sonríe y por fin, empieza a darse cuenta cuál parece ser su misión en el mundo. 

Peggy jamás va a regalarle a su sobrina una Barbie. La película de Babe, el chanchito valiente o un certificado de patrocinio de un animal de granja rescatado son mejores opciones para adoctrinar a los niños. 
En su horario de almuerzo, aprovecha para difundir y firmar petitorios contra el testeo en animales y otros experimentos de tortura en distintas especies. 
Algunas ideas o acciones de Peggy pueden resultar un poco subversivas, pero aquel que comparte el código pet friendly, no se horroriza de nada.
De hecho, para muchos Peggy podrá ser una fundamentalista de las causas animales, una border, una demente. Sin embargo, para este barrio, es una mujer de un corazón enorme, dispuesta a hacer la diferencia. No es gratis. Nunca lo es. El camino siempre está lleno de dificultades pero sabe bien para dónde va. Peggy podrá estar obsesionada con la causa animal pero el resto de los personajes tiene lo propio. Seguramente, todos conocemos muchas personas que están obsesionados con su única perspectiva de la vida y creen que debemos buscar nuestra felicidad en el mismo lugar que ellos. Eso también pasa en Year of the dog. Cuando Peggy está triste, su jefe cree que la solución es enfocarse en las ventas. Su compañera de trabajo le aconseja salir hasta dar con el hombre indicado para llevar al altar. Su hermano y su cuñada le sugieren olvidar la tristeza yendo a un fin de semana de shopping de chicas. Esas recomendaciones hablan de ellos y sus propias búsquedas. Ninguno se pone en los zapatos de Peggy. Creen que su visión de la vida será la misma que hará salir a flote a Peggy. 

Year of the dog no es para cualquiera, es cierto.
Por lo pronto, no es la típica comedia familiar de domingo por la tarde.
Es una película para los que SIENTEN a los animales. 
Peggy dice en un momento que existen muchas vidas diferentes en esta vida y muchas formas de amar. 
El amor por los animales es su amor, el que la llena, la define y es el que la hace seguir adelante.

Por suerte, existen personas como Peggy en el mundo. Seguramente, serán las mismas que van a entender el sentido de la recomendación de una peli así de indie hoy, en el blog.
Su director, Mike White, también es actor, guionista y productor. Entre otras cosas, escribió Escuela de Rock, pero este barrio lo ama gracias a su personaje en Enlightened, una de nuestras series favoritas de HBO. ACÁ pueden leer un poco sobre ella, aunque se merece un lugar digno en el vecinito. Seguramente, en algún momento volveré sobre Enlightened, una serie que pegó tan fuerte como Year of the Dog

Mike White hizo esta película tan especial que bien podría haber sido una lágrima, pero no lo es. Si bien hay momentos duros, logra que su película esté lejos de ser un golpe bajo gracias a su humor absurdo.
Cabe destacar que Brad Pitt, fue uno de los productores ejecutivos de la misma.
En la semana que festejamos el día del animal, inflo el pecho de emoción y les recomiendo fuerte Year of the dog. 

Acá, el trailer:



Hagan el esfuerzo de conseguir Year of the dog. No está en Netflix, pero a veces la pasan por el canal I-SAT. Vale la pena.

10 marzo, 2017

Los galgos


Me encantan los galgos. Los considero personas con abrigos peludos. Siempre sentí que me comprendían. Les gusta estar con la gente. Saben que salir al mundo es difícil y lo sienten, sólo quieren que los mimes y hacerte sentir mejor. Tienen el instinto de quedarse cerca. Aún con todas las dificultades que acarrea ser su dueño o cuidarlos o rehabilitarlos, si te llevas del refugio al galgo más viejo, más necesitado, nervioso y estropeado y lo llevas a la playa y le sacas el collar, saldrá corriendo como loco, como si todavía fuera joven, como un cachorro, con la lengua colgando, de una punta a la otra de la playa.
Y es tan hermoso.

(Amanda, Blue Jay)


Amanda es fan de los galgos y cuando habla de ellos se los imagina así, felices, en libertad, en una playa. Esos galgos también hablan de ella, de sus renuncias; porque no es necesario saber qué hace Amanda (Sarah Paulson) de su vida para adivinar que dejó de divertirse, pero eso va a cambiar. Al menos por un día, cuando se encuentre por casualidad en el supermercado de su pueblo natal con Jim (Mark Duplass), su primer amor.

Blue Jay es una de esas películas de vuelta al pasado. Es volver a jugar, a hacer el ridículo y reírte de eso. Es improvisar una cena, bailar, escuchar grabaciones encontradas, cantar un hermoso tema de Annie Lennox, llorar, hablar de galgos, contarse secretos y sentirse vivos veinte años después.
Una cámara, dos actores y el amor después del amor.

Dirigida por Alex Lehman y producida por los hermanos Duplass, gente del mundillo indie que se caracteriza por hacer este tipo de películas de bajo presupuesto con un alto grado de improvisación -propio del cine mublecore donde se inscribe Blue Jay - no pretende ser una versión de la trilogía de Linklater, pero algo de eso hay. Tampoco va a impulsarte a que llames a tu Jim o a tu Amanda de hace veinte años atrás, pero seguramente sí te hará recordarlo.

Asi que este post va para todos los Jim y las Amandas que, de vez en cuando la vida nos cruza para volver a jugar.

Dato extra! trabaja la genia más genia de todas: Sarah Paulson, la misma que viene de ganar todos los premios por su papel de fiscal en American Crime Story: The people vs. O.J.Simpson.

Pueden encontrar Blue Jay en Netflix.

12 octubre, 2016

Eramos tan románticos


Amor y Letras es una película para los que aman fuerte a los libros. Para los que entendemos que cuando un libro es bueno no se puede dejar de leer, ni siquiera en plena calle. Somos capaces de hacer piruetas, esquivar gente y seguir atentamente las letras. Es para los que acumulamos libros en la mesita de luz y para los que nos enamoramos de los buenos lectores porque son un flanco difícil de encontrar.

En los primeros quince minutos de Amor y Letras, Josh Radner - actor, escritor y director - se encarga de machacarnos su amor por los libros. Es él quien lee por la calle camino al lavadero, es quien observa cómo su ex novia abandona el hogar y mete mano en la biblioteca compartida, es el que hojea todas sus lecturas pendientes de la mesa de luz y también reconoce que un libro de mil páginas puede ser una obra maestra pero también puede volverte el ser más antisocial del planeta.

Y si no alcanza con los libros, Amor y Letras tiene dos ases más románticos en la manga. Por un lado, el disfrute de conectar con una composición de Bach o Beethoven en el medio del caos neoyorkino. Y por otro lado, el intercambio postal. Los protagonistas juegan a olvidarse del mail e intercambian cartas a la distancia.
Y por último, una recomendación: hay que ver Amor y Letras porque amamos a Ted Mosby, el protagonista de How I met your mother. En la película Ted se llama Jesse, y es casi el mismo que en la sitcom. Y no molesta.

Amor y Letras es la vuelta de Jesse Fisher al campus universitario. Su mentor, el profesor Peter Hoberg (Richard Jenkins) se jubila y lo invita al evento homenaje que se dará en su honor. Jesse no necesita mucho qué pensar. Su novia lo dejó, tiene un trabajo que lo desmotiva y demasiados buenos recuerdos que lo ligan e incitan a volver al campus. Con un libro, un bolso de mano y un auto de alquiler viaja a Ohio a reencontrarse con su amigo. La vuelta a las aulas es nostalgia pero también es novedad porque allí conocerá a Zibby (Elizabeth Olsen), una universitaria de veinte que con su espontaneidad y su madurez le correrá el velo de los ojos al protagonista.  Zibby lo incita a sentir la música clásica y la ópera y es quien le pide que imaginen una vuelta al siglo XVI y se escriban cartas de puño y letra cuando Jesse tenga que volver a NY.
Con sus casi 20 años, Zibby es apasionada y Jesse se deslumbra con esa mujer capaz de entender la música barroca y a la vez defender y justificar la lectura de una novela de vampiros para adolescentes, aunque más tarde Jesse le tirará por la cabeza el best seller teen y le mandará por correo un ejemplar de Drácula de Bram Stocker porque es la verdadera y única historia de amor de vampiros, y también Canciones de inocencia y experiencia, un libro de poesías de William Blake. No olviden que Jesse, ante todo, es un romántico.

Amor y Letras es una anti-comedia romántica de culto, que nos viene a plantear la diferencia entre crecer, madurar y envejecer a través de tres generaciones unidas por la insatisfacción: el profesor jubilado, la estudiante demasiado madura y el chico de treinta y pico en crisis.
Es auténtica, habla de sentimientos tangibles y anima a quien la ve a recordar lo bueno que se dejó atrás y sobre todo, a pensar que lo que está por venir no tiene por qué ser peor.

Bienvenidos al club de los adultos.


Amor y Letras la pueden encontrar también como Liberal Arts, su nombre original en Netflix.


22 julio, 2016

La excepción Ashton

Hace unos días vi una película con Ashton Kutcher. Confieso: No me gusta Ashton. Nunca me gustó ni un poco. Mientras escribo, chequeo y rechequeo cómo se escribe su nombre y apellido. Ni eso logro retener. Nunca saldrá un post de baboseo sobre Kutcher. Sin embargo, muchas mueren por Ashton. El caso más extremo es el de Demi Moore quién no sólo fue capaz de dejar al gran Bruce Willis por el teen, sino que casi muere muerta cuando terminó su relación con el muchacho.
Dejando de lado las cuestiones del corazón del trío Demi - Bruce - Ashton, es sabido que siempre hay una excepción a la regla. La película en cuestión de este post es A lot like love o Muy parecido al amor. Que quede claro que llegué a ella gracias a mi simpatía por Amanda Peet, no por la presencia masculina. Sin embargo, Ashton está simpático y casi que le aceptaría un café.

Insisto que Amanda le pone onda y es una buena coequiper, pero Ashton también pone su parte. Hay algo que seduce en su personaje. No es su altura ni su cara angulosa, más bien tiene que ver con su crecimiento, con alcanzar la madurez suficiente y pelear por las cosas que queremos lograr en la vida, aún cuando el panorama no sea el deseado.

Ashton conoce a Amanda en un avión, rumbo a NY. Es casi un niño. Usa flequillo partido al medio, zoquetes y buzo con elástico ancho a la cintura. Es un chico recién salido de "la prepa", pero sabe lo que quiere y está convencido que en unos años va a ganar mucho dinero. Amanda no pone fichas en el futuro del galán pero acepta el reto. En 6 años, Ashton asegura que habrá  alcanzado su objetivo profesional y ya no vivirá bajo el techo de sus padres. Amanda deberá contactarse al teléfono paterno de Ashton y sólo así comprobar que la profecía se habrá cumplido.


Efectivamente, en seis años Kutcher ya no usa ese flequillo infantil. Es más bien parecido a la versión que enamoró a Demi Moore. Logró sus objetivos profesionales y casi personales. Recién ahí empieza el idilio fugaz de la vecinita con Kutcher, no sólo porque tiene un buen corte de pelo (no somos tan frívolas), sino porque es un hombre que sabe lo que quiere, porque hace reír a Amanda y porque se acompañan mutuamente una noche de año nuevo.

La historia está repleta de encuentros y desencuentros a destiempo. Podría seguir pero no es la idea, sólo quiero detenerme en una escena en particular, una foto, un momento.
Creo que la vida es un poco como la escena que acompaña el post de hoy.

Ashton lloriquea porque su novia lo dejó.
Amanda tampoco tiene muchos motivos para sonreír. Acaba de ver a su ex con una amiga. Sin embargo, prefiere cantar antes que escuchar toda la lata que Ashton prefiere lanzar al universo.
A veces -o casi siempre- la felicidad se conforma de aquellos pequeños momentos compartidos que podemos construir, con más o menos recursos, junto a otro. Aunque nos duela el cuerpo, el alma, el corazón y aunque sólo tengamos ganas de decir lo injusta que puede ser la vida.

La felicidad ES esa escena. Un poco tonta, un poco infantil como el ex flequillo de Ashton, pero tan necesaria. Es salir a la ruta, sin un destino muy fijo, con snacks y un vino para más tarde. Es cantar desafinado, con el chico o chica que te gusta, una canción ochentosa y a la vez tan irresistible de Peter Cetera.

Muy parecido al amor abunda en encuentros y desencuentros previsibles. Es una romántica, no lo olviden.
Y tampoco olviden que siempre hay gente que logra  hacerte olvidar de esa nubecita negra que a veces invade el bocho y te muestra que, aunque no puedas verlo en ese preciso momento, muy pronto vas a estar riéndote a carcajadas y cantando canciones mersas como las del video.


Buen finde, vecinitos!

24 junio, 2016

Debo estar hablando con un ángel


Soñé que Nora volvía por un día. Durante esas veinticuatro horas se reencontraba con sus afectos, sus actores fetiche, sus fans, su vida.
La vecinita estaba ahí. Quería darle las gracias. Necesitaba decirle que ella fue fuente de inspiración para este blog, que no importan los años que pasen sus películas nunca pasarán de moda porque son curativas como un plato de sopa de verduras y estimulantes como un chocolate suizo.

El sueño me llevó a un viaje en el tiempo.
En 1996 John Travolta era joven y todavía tenía pelo en la cabeza. William Hurt trabajaba en cine y Andie MacDowell, no tengo mucho para aportar, era Andie MacDowell. Todos ellos fueron convocados ese año por Nora Ephron para hacer una película llamada Michael.
Es cierto que aún quedan un par de "tanques Ephron" para hablar en el barrio (Sintonía de amor y Cuando Harry conoció a Sally) pero abandonamos nuestra zona de confort y por eso decidimos viajar veinte años atrás.


Resulta que en los 90, Nora necesitó contar su visión sobre los ángeles y fiel a su estilo decidió dejar de lado la solemnidad. El ángel versión Ephron baila con canciones de Aretha Franklin, canta canciones de Los Beatles, huele a dulces, no viaja en avión, le encanta fumar y tomar cerveza, pero a pesar de esta primera impresión política o -mejor dicho- religiosamente incorrecta, Michael viene a la Tierra a enmendar corazones, a resucitar a un perrito Jack Russell adorable, a predicar el bien, a provocar encuentros inesperados y a pasarla bien, aunque sea por un rato.

Michael cuenta el viaje de dos periodistas de un diario sensacionalista que están a punto de perder sus puestos de trabajo, cuando llega a la redacción una carta de una señora que asegura vivir con un ángel y los invita a participar de la única e irrepetible experiencia de conocer y entrevistar al ser celestial que vive en su casa.
Con la esperanza de conseguir la nota que salvará su permanencia en el diario, Frank (William Hurt), Vartan (Bob Hoskins) y el perrito Sparky salen a la ruta. Dorothy (Andie MacDowell) se une a la aventura con un falso título de especialista en ángeles. La misión es convencer a Michael de realizar una nota en las oficinas de Chicago y ser la sensación del lugar.

Michael es una rareza en el universo Ephron. Pretende ser graciosa y no siempre lo logra.
Pretende ser una road movie, y lo es con ciertas licencias. 
Sólo el ojo experto del fan de Ephron sabrá apreciar ciertos detalles, sabrá leer sus marcas, detectar su huella, su humor y en definitiva, sabrá captar una historia de amor. Una distinta. Bien lejana a la de Harry y Sally o la de Joe Fox y Kathleen Kelly.


Ephron está en esa charla en el bar donde los personajes debaten sobre los distintos gustos de tartas dulces, en el relato de los matrimonios frustrados de Dorothy, en esos momentos melancólicos cuando los protagonistas se separan, se extrañan y suena de fondo I thought about you en la voz de Frank Sinatra. Y por supuesto, está en ese final (que no vamos a spoilear) pero donde es sabido que las cosas vuelven a su lugar y los personajes están con quien deben estar.
Y por esos detalles tan Ephron, incluimos a Michael en la lista de filmografía necesaria de la directora.
Nora Ephron siempre será nuestra amiga, no importa lo que haya querido contar en sus películas. 
La vecinita siempre estará allí para defender a su directora favorita y cada 26 de Junio, la fecha que decidió partir y dejar un gran vacío, le dedicará un espacio en su blog. 
Hoy miro a tu cielo rosa y desde este barrio te tiro un besito y te doy las gracias por tanto.

Te quiere, 
la vecinita de enfrente.


25 marzo, 2016

Temporada de conejos


¿Conejitos con chaquetas azules? ¿Cómo se imaginan cosas así? 
No los imagino. Son reales. Son mis amigos.
Los animales son mis amigos
(Beatrix Potter)

Hoy quería escribir sobre conejos, y al pensar sobre estos simpáticos animales del bosque pensé inmediatamente en Beatrix Potter que nada tiene que ver con nuestro amigo Harry Potter, aunque ambos son ingleses, comparten apellido, corre magia por sus venas y fueron incomprendidos y bastante solitarios. 

Beatrix Potter nació en Londres en 1866 en el seno de una familia victoriana. Fue una de las escritoras de cuentos infantiles más importantes en la historia de la literatura inglesa. Educada por una institutriz, únicamente en sus veraneos en los campos de Escocia tomaba contacto con la naturaleza. Este ambiente se convertiría en la materia prima de su obra: las plantas y los animales. Muchos de los protagonistas de sus cuentos son animales que Beatrix supo domesticar como conejos, erizos, zorros, ardillas, cerdos, entre otros. Si bien su madre pretendía que su hija fuera una mujer obediente y bien casada, Beatrix luchó contra la rigidez de sus padres y las costumbres de la época y se salió con la suya. Portfolio en mano, salió a patear las calles londinenses hasta que una editorial compró sus dibujos para ilustrar una serie de tarjetas de Navidad en 1890. Cuando parecía que el éxito la esperaba a la vuelta de la esquina, su primer cuento fue rechazado por seis editores, pero la negativa sólo hizo que Beatrix tomara impulso para ir más lejos: decidió costear una 1ra. edición de El cuento de Perico (The tale of Peter Rabbit) hasta que se cruza en su vida un gran amor, su editor Norman Warne quien le abriría las puertas del mundo literario...y de su corazón. ¿O acaso todavía no se dieron cuenta que este es un post de los más ñoños del vecinito?


Las ilustraciones de sus libros son marca registrada de su obra. Ella misma participaba en los procesos de diseño de sus libros, supervisaba las pruebas de imprenta y las traducciones. Entre 1901 y 1913 publicó 20 libros. Supo defender lo propio. La peleó. Se enamoró y también sufrió un revés cuando todo iba perfecto en su vida. A pesar de ello, supo encausar su vida y con las ganancias de sus publicaciones compró una granja en el Distrito de los Lagos, en el Norte de Inglaterra, el lugar donde eligió recluirse tras la muerte de su gran amor. Ese nuevo comienzo, alejada de Londres, marcó una nueva etapa en su vida como defensora de la naturaleza y el medioambiente. Se volvió granjera, se dedicó a la crianza de animales y se casó con su abogado. No tuvo hijos y dibujó hasta que su vista lo permitió. Murió a los 77 años rodeada de naturaleza y, a pesar de las piedras en el camino, logró hacer lo que siempre soñó.

Miss Potter es una película del 2006 y aunque se trate de una biopic tiene mucho de peli de época. Teniendo en cuenta las imposiciones sociales que la escritora debió afrontar, la película de Chris Noonan es lo más parecido a leer una novela de Jane Austen. Incluye a una amiga del barrio, Renée Zellweger. Olvídense de Bridget Jones. Acá, no busca desesperadamente a Mark Darcy. En cambio, se dedica a dibujar y crear personajes adorables como Peter Rabbit o Jemima la oca. Beatrix vestía a sus personajes con puntillas y ropita color pastel. Sus conejos son traviesos pero también disfrutan el té de las cinco y esperan el beso de las buenas noches en sus camas calentitas y confortables. Son amables, educados y también traviesos. ¡A-ma-mos estos detalles!


Miss Potter puede parecer ñoña...y lo es. Es una película apta para corazones sensibles y soñadores. Incluye animaciones de algunos personajes de los libros de Beatrix Potter y una love story a pura lágrima, pero también nos gusta pensar que retrata la vida de una mujer que supo pelear por lograr una vida independiente en un contexto complicado. Y ganó. 
Y con eso ya es suficiente motivo para verla este fin de semana de Pascuas, con una taza de té en la mano.

Y además, un pequeño detalle, vecinitas...
Miss Potter incluye a Ewan McGregor, un galán tan irresistible como los conejos tiernos de Beatrix Potter. 

¡Felices Pascuas!

24 septiembre, 2015

Titanes (románticos) en el ring


Hace un tiempo leí en el diario que la comedia romántica era una especie en peligro de extinción.
Lo cierto es que la oferta en la cartelera es escasa y frente a la invasión de "tanques" cinematográficos, las precuelas, las remakes y la cuota semanal de un estreno argentino, el romance pierde varios puestos. Menos para nosotros. Es parte de nuestro adn. Necesitamos que los superhéroes nos hagan un lugar dentro de su parafernalia para que la comedia romántica vuelva a instalarse y ocupe el lugar que merece.

En los últimos meses, dos comedias pasaron tímidamente por las salas. De una semana a la otra ya no estaban en cartel, pero eso no impide que podamos hablar de ellas. Cuando uno lleva el género romántico en la sangre encuentra el modo de disfrutarlas. Cambiamos la butaca del cine por el sillón de casa.
Ahora bien, reconocer que la oferta actual del género en cuestión es insuficiente no significa avalar lo poco que se nos presenta. Somos románticas, pero también exigentes.

Con este panorama, se nos ocurrió tomar a modo de caso de estudio dos muestras interesantes y distintas. 
Una de ellas nos dejó con la sonrisa a flor de labios. La otra, fue al tacho de basura.

Es hora de revelar la incógnita. De este lado del ring:

Aloha 
(estrenada como "Bajo el mismo cielo")

Y del otro lado del cuadrilátero:

The Rewrite
(estrenada como "Escribiendo de amor")

Las apuestas ya están hechas. La pelea comienza. Es a 6 rounds.
Sin golpes bajos, por favor.


  • Round 1: Argumento
En Aloha, Brian (B.Cooper) es un ex militar caído en desgracia que regresa a Hawaii con motivo de supervisar el lanzamiento de un satélite de comunicaciones y es allí donde también dejó al gran amor de su vida (R. McAdams) que ahora tiene dos hijos y está casada con un viejo amigo de pocas palabras. Por otro lado, una piloto local de la Fuerza Aérea designada para acompañarlo en su aventura (E.Stone) es quien irá forjando un vínculo de idas y vueltas propio de estas comedias que tanto nos gustan.

En The Rewrite, Keith (H.Grant) es un guionista de Hollywood en plena decadencia que se resiste a escribir la secuela de su único gran éxito, y por necesidad deja el glamour de Los Ángeles y acepta sin demasiado entusiasmo ni experiencia un cargo como profesor de guión en una universidad en las afueras de NY.

Ninguno de los dos argumentos es especialmente atractivo. Cuando empieza Aloha no sabemos muy bien qué es lo que va a hacer el protagonista ni para dónde va, pero nos dejamos llevar. En cambio, el panorama en The Rewrite es muy claro, pero no significa que sea bueno. La fórmula del personaje exitoso que fue y luego se termina involucrando, el que comete errores como pasar la primera noche con la chica popular de la clase. Eso y otros tantos clishés es The Rewrite.

Aloha 1 - The Rewrite 0

  • Round 2: El escenario
Aloha, como su nombre lo indica, transcurre en Hawaii. El lugar y su cultura maui tienen una entidad en la película. En cambio, en The Rewrite, el lugar importa poco.

Aloha 2 - The Rewrite 0


  • Round 3: Los galanes
Las dos películas tienen protagonistas rubios, altos, de ojos claros, lindos y carismáticos. Uno es americano. El otro, very british.
Bradley Cooper es el galán de Aloha. Su historial cinematográfico es variado y no se define por el romance, pero bien podría seguir ese camino.  Su cara bonita y su apariencia lo habilitan para ese rol. No le pidamos ternura. No es dulce, es un galán elegante, con onda. Tranquilamente podría ser la cara de un perfume de diseñador. Siempre nos cayó bien, pero en Aloha nos conquistó. Quizá, ayudó el hecho de grandes co-equipers.

Hugh Grant, el chico de los mohines adorables. ¿Cómo no adorarlo si es su marca de fábrica? Siempre vamos a querer a Hugh. Si por algo vimos The Rewrite fue por él. El problema es que los años pasan también para Grant y su torpeza y su tartamudez, esos recursos actorales que nos conquistaban tiempo atrás, hoy molestan y hasta nos aburren.
The Rewrite ES Hugh Grant, pero no alcanza. 

Aloha 3 - The Rewrite 0 

  • Round 4: Las chicas
La siempre anodina Marisa Tomei es la chica de Hugh Grant en The Rewrite. Aquí nos quiere hacer creer que cumple el rol de la madre soltera que decide retomar los estudios con dos hijas a cargo, la misma que aconseja y guía al protagonista, la que quiere parecer apasionada, pero no le sale. En definitiva, Marisa Tomei logra lo imposible: parecer secundaria hasta cuando tiene un rol protagónico junto al galán de turno.
En cambio, la dupla Rachel McAdams y Emma Stone es explosiva. Además de bellas, son frescas, simpáticas, buenas actrices. Qué decir...les creemos. Todavía le debo a este barrio un post sobre MI amiga Emma Stone. En algún momento repasaremos su carrera.
En Aloha los roles femeninos están perfectamente repartidos. Ninguna tiene más protagonismo que otra. A diferencia de Tomei, las chicas Aloha han sabido elegir buenos papeles siempre. O casi siempre, y con buenos resultados. Y aunque es obvio hasta escribirlo, el trío Cooper-Stone-McAdams es pura química y sí, no puede más de bello.  

Aloha 4 - The Rewrite 0


  • Round 5: El cast
Aloha tiene un dream team, a saber: Bradley Cooper, Emma Stone, Rachel McAdams, Bill Murray, Alec Baldwin, John Krasinski.
The Rewrite, además de Hugh Grant y Marisa Tomei, apenas cuenta con J.K.Simmons (el genial malo de Whiplash) aquí totalmente desaprovechado y Allison Janney (la madre de La joven vida de Juno) aquí como una profesora defensora de Jean Austen. Ni con eso nos conmueve. 

Aloha 5 - The Rewrite 0

  • Round 6: La música
Antes de dedicarse al cine, Cameron Crowe, el director de Aloha, fue columnista en la Rolling Stone. Seguramente gracias a ello, en sus películas la música es un factor importante y dice presente. Si ya Aloha me parecía genial por todas estas cosas, el hecho que un tema de Beck acompañara los créditos finales fue la frutilla del postre.
The Rewrite ¿tiene música? Sólo anoté un tema meloso de Madeleine Peyroux mientras Hugh iba manejando. 

Aloha 6 - The Rewrite 0


Hugh, lo dijimos antes y lo decimos ahora: te queremos, pero a veces la vida te da una paliza. 
Aloha es nuestra elección, pero lo que en verdad nos importa es que no sea la comedia romántica la que pierda por knock out.

Por más películas románticas y menos superhéroes!

Feliz finde!

31 octubre, 2014

Es un monstruo grande y pisa fuerte


Oscurecía.
Los tres estaban en la terraza bajo la luz cada vez más tenue.
Hacia las dos y media, el cielo se había nublado completamente, y una hora más tarde había empezado a nevar. Al principio la nieve había caído en una vertical perfecta, formando una manta que lo cubría todo por igual, pero una hora después del comienzo de la nevada había empezado también a soplar el viento desde el noroeste, y la nieve ya se estaba acumulando contra la terraza y los lados de la entrada para coches del "Overlook".

-Llegará alguna vez la primavera? - murmuró Wendy. Jack la abrazó con más fuerza.
-Antes que te des cuenta. Qué te parece si entramos y cenamos algo? Hace frío acá afuera.
Wendy sonrió. Durante toda la tarde, Jack le había parecido distante y...bueno, raro.

Los tres entraron juntos, dejando que afuera el viento empezara a convertirse en el grave ulular que se prolongaría  durante toda la noche, y al que no tardarían en acostumbrarse. El "Overlook" les hacía frente de la misma manera que lo había hecho durante tres cuartos de siglo, con las oscuras ventanas flanqueadas ya por la nieve, indiferente a la realidad  de verse aislado del mundo. Dentro de su caparazón, sus tres habitantes iniciaron la rutina nocturna, como microbios atrapados en el intestino de un monstruo.

El resplandor, Stephen King

El pronóstico indica lluvia. Hoy, mañana y pasado.
¿Algo mejor que hacer una maratón de terror?

En la foto, el director Stanley Kubrick posa junto con Wendy, la esposa de ficción de uno de los "mostros" más temibles del cine: Jack Torrance, también conocido como Jack Nicholson.

Feliz finde de Halloween!!!

PD. En otro momento, prometo contarles la anécdota de la primera salida al cine con amigas. Tiene que ver con el terror. Y sí, por supuesto, tiene que ver con su Majestad, Stephen King.

26 junio, 2014

No llores, shopgirl


Desde hace un par de años, cada 26 de Junio, no puedo evitar pensar que Nora Ephron se fue dejando un vacío imposible de llenar. Decir algo así puede resultar un lugar común, es cierto, pero igual de cierto es lo mucho que la extrañamos.
Hay mujeres que dicen que no hay galanes como los de antes, yo digo que no hay comedias románticas como las de Nora Ephron. 
Hoy, el vecinito recuerda con amor a esa gran directora que nos dejó demasiado pronto...

04 mayo, 2014

Hechizo de amor


Tarde de sábado.
Afuera está nublado y no hay planes de salida. Todo lo que necesitamos está acá, en casa.
En la tele están dando una peli vieja de la Bullock, y como Sandra nos resulta friendly dejamos el control remoto de lado y volvemos a rememorar la historia.

Sally y Gillian Owens son hermanas. Como todo el clan familiar Owens, han heredado el don de la magia. Desde niñas aprenden de hechizos y pociones mágicas en la casona de sus tías, donde residen una vez que su madre muere. Rodeadas de calderos, libros antiguos con brujerías y mujeres que acuden desesperadas para recuperar el amor de un hombre, las hermanas Owens crecen y soportan el bullying  de todo el pueblo.
A pesar de ser testigos de mujeres sufrientes por amor, la colorada y rebelde Gillian (Nicole Kidman) desea enamorarse más que nada en el mundo, mientras que su hermana Sally (Sandra Bullock) desea justamente lo contrario: no enamorarse nunca y así no sufrir la pérdida del ser amado. Para lograr su objetivo, la pequeña Sally realiza un hechizo de amor verdadero anhelando un hombre inexistente. El hombre invocado tendría un ojo celeste y otro verde. Según esta característica física asignada en el hechizo, ese hombre jamás aparecería en su vida y entonces libraría de todo mal de amor a la ingenua Sally, pero no. Como se darán cuenta, en las pelis románticas que tanto nos gustan en el barrio también es posible soñar con hombres de ojos de distinto color. Y Sally, por supuesto, se cruzará con el hombre del hechizo.

Hechizo de amor, así se llama la película, nos pareció ideal para el día de ayer.
Porque es una de brujas simpática, friendly, porque nos encantan las historias de pueblo chico infierno grande y sobre todo, nos gusta ver películas que llevan por nombre un estado de ánimo: Hechizo de amor.
Así nos sentimos en el barrio. Hechizados por ella, la pequeña Brie, que se adormece en las piernas mientras vemos a nuestra amiga Bullock en la pantalla.

En la película, las brujas dicen que -por las dudas- siempre hay que tirar un puñado de sal por encima del hombro izquierdo, tener una planta de romero en la entrada de nuestro jardín (será balcón, en nuestro caso), una planta de lavanda para la buena suerte y olvidaron un pequeño gran detalle: una gatita rescatada durmiendo en tus piernas.
Entonces sí, la receta del amor está completa.


14 febrero, 2014

El video de la semana: Viernes, estoy enamorado

Bridget Jones versión flaca y sixty y el galán irlandés McGregor

Viernes, estoy enamorado canta The Cure y nosotros, por si acaso, le hacemos caso.
Poco nos importa la procedencia de la fecha, si es importada, si es una gran mentira comercial...todo lo que quieran, pero hoy es San Valentín y en lugar de enroscarnos con todas estas preguntas y cuestiones- más o menos ciertas - festejaremos elegirnos día a día. NO ES POCO.
Como ustedes saben, el vecinito es un blog romántico por excelencia y a tono con la fecha alusiva dimos con el video ideal.

La historia es la siguiente:
Barbara Novak es una escritora con ilusión de triunfar en la Gran Manzana. Para ello, tiene la brillante idea de escribir una especie de manual feminista llamado Abajo el amor. El libro parte del principio que las mujeres no serán felices sin su independencia como individuos. Levanta a las masas femeninas y propone que las mujeres se abstengan de amar. Según su visión liberal, el amor lo arruina todo. Eso sí: el sexo está permitido. 
El libro es un éxito y Bárbara vende su imagen de mujer liberal a todo aquel que se le cruce por delante, pero conoce al tímido y pajuerano Zip Martin y la teoría del libro se le cae a pedazos. Zip, en realidad, es el  mujeriego Catcher Block, escritor de una revista de hombres que se propondrá enamorar con su identidad ficticia a la escritora y así demostrar que la verdadera Barbara Novak es un fraude y que en el fondo es igual a todas (o casi todas) las mujeres. Lo único que desea es: amor y matrimonio.
Y van a tener que ver la película para saber más!
  
Para los nostálgicos, la película es un tierno homenaje a las comedias de Rock Hudson y Doris Day.
Ewan McGregor y Renee Zellweger están más lindos que nunca.
El estilo visual de los 60, tanto en escenografía como en vestuario, es una delicia.
Hay fiestas "beatnik", martinis, imágenes del Ed Sullivan Show y hasta una grabación de Judy Garland cantando el tema que da nombre a la película.
Fue un lindo "sacrificio" volver a repasar esta película.
Espero les guste y los estimule a festejar San Valentín.
Hasta el martes!!!




Abajo el amor (Down with love)
Director: Peyton Reed

25 septiembre, 2012

El nido vacío


Diane Keaton es una de esas mujeres que una quisiera tener de compinche en la vida. Me parece graciosa, inteligente, lleva su edad con elegancia y dignidad. Aunque los años la pusieron un poco chillona (en sus últimas apariciones grita mucho) una le perdona todo...y más todavía si decide hacer una película como "Darling Companion" o su título por estas tierras ¡Por fin solos!
¡Por fin solos! es una de perros, una de esas películas que todo amante de los canes duda antes de ver por temor a que el perro termine pasándola mal, pero el morbo puede más y cuando nos queremos dar cuenta ya estamos con la caja de carilinas al lado, lamentando ese instante de duda en el que optamos entre la película del perro y la última película pavota de Adam Sandler.
Tengo buenas y malas noticias para ustedes: La mala es que ¡Por fin solos! tiene uno de esos momentos tan temidos de pérdida, pero la buena es que hay un reencuentro. La pérdida no es absoluta ni final. Con ésto, no sólo les estoy diciendo claramente que la película termina bien, sino también que en realidad, lo que nuestra amiga Diane Keaton debe enfrentar es el síndrome del nido vacío - una de sus hijas acaba de casarse y otra ya está con un bebé a cuestas- y que su perro cusquito se pierda en ese momento de gran fragilidad para la protagonista. 
En la película Diane Keaton está casada Kevin Kline, un cirujano que a simple vista parece vivir más preocupado por la salud de sus pacientes que por lo que pasa en su familia. Desde el principio se opone a sumar un integrante de cuatro patas en la familia, pero pierde esa batalla y por esas cosas del destino ¿o del descuido? termina siendo el causante de la pérdida perruna. Si bien hace sus esfuerzos por caer simpático, Kevin Kline es todo lo contrario: hosco, desagradable y con un grado de calidez bastante limitado.
La película es una gran búsqueda interior entre los distintos personajes. Por un lado, este matrimonio de años que se ve ya sin la presencia de sus hijas en la casa y que mientras buscan a su fiel amigo, buscan  revalorizar el vínculo que los une y los mantiene juntos. Por otro lado, la hermana de Kevin Kline con un hijo de un matrimonio anterior y su actual pareja, un tipo descontracturado y de buen corazón, aunque con ideas no muy rentables como poner un bar donde sirvan cerveza tibia.
Por último, una casera medio gitana y chanta que es la que alimenta las esperanzas de Diane Keaton con visiones de su perro perdido en las inmediaciones del lugar.
Todos estos personajes convivirán días y noches conectados a sus celulares ante cualquier novedad de aparición, repartirán folletos con la cara de Freeway, así se llama el perrito, pasarán tormentas en el bosque, cruce de animales salvajes, negociaciones con gente poco confiable del lugar, pero sin saberlo la búsqueda de Freeway es tan auténtica que el amor y la alegría que sienten por él es lo que los mantendrá unidos a pesar de las adversidades.

Como muchas películas del estilo ¡Por fin solos! podrá pasar desapercibida para muchos, pero no para los que amamos a los animales. Sólo nosotros sabemos de los que somos capaces por nuestros amigos de cuatro patas. Con nido vacío o sin él.

Darling Companion, Director:  Lawrence Kasdan

13 julio, 2012

Plan de viernes: Cómo sobrevivir a las vacaciones de invierno


El plan de viernes de hoy y las dos semanas que vendrán sale a modo de pregunta. ¿Cómo sobrevivir las vacaciones de invierno en la ciudad?
Por ejemplo, para los que estamos acostumbrados a viajar temprano en colectivo puede ser una ventaja. Por dos semanas no más autos estacionados en doble fila en la puerta de las escuelas, aunque la clásica hora del regreso al hogar será un asunto complicado. Como suele pasar todos los años, y desde que el mundo es mundo, la ciudad (y nosotros) nos preparamos para ser invadidos por niños con globos, cajitas felices y cruzarnos con madres que se juntan con otras madres y hacen causa común durante estas dos semanas pensando planes recreativos para los más pequeños.
Por ejemplo, el cine es un lugar a evitar. Los patios de comida y otros lugares de comidas rápidas, ni hablar.
Por eso, desde este humilde barrio, estas dos semanas nos proponemos:

Seguir decorando la casa
(Fresa Design)

Este fin de semana es el turno de tunear paredes. Hay varios vinilos dando vueltas en casa desde que fuimos a Puro Diseño. Es una linda tarea y no hay que hacer ninguna cola. En todo caso, sólo para ir a buscar provisiones a nuestra panadería cabecera: Las delicias. Pronto, tema de este blog.
Never Ending Story
Terminar de ver y revivir La Historia sin Fin. Sí, me agarró el ataque ochentoso como a los de la Metro y el otro día me senté a ver la historia de Atreyou. Y sí, volví a llorar como a los 6 o 7 años cuando se hunde el caballo en la laguna de la tristeza.
Recuperarme
Del frío, la gripe y la faringitis que ronda por ahí. Entre chocolates, tecitos calientes y buenas películas es hora de resguardarnos. Así sí... ¡Qué vivan las vacaciones de invierno!
Buen finde!

19 abril, 2012

Las chicas sólo quieren divertirse

La vida te da sorpresas, decía la canción. A veces te pone frente a una obra de arte que te hace lagrimear de emoción y otras veces se pone más banal y te deja en un cajón de dvds postergados por tiempo indeterminado debido a una gran mudanza, una película que seguramente no será la primera que decidas ver porque estás un 90% segura que no te va a gustar, que va a servir para desperdiciar ese tiempo que no te alcanza, que las películas de chicas que juegan a hacerse las liberales ya pasaron de moda, pero por esas cosas raras de la vida mientras decidís desembalar discos y ropa de estación, esa película que prejuiciosamente bastardeaste se convierte en un buen pasatiempo y hasta te hace sonreír.

Bridesmaids es ese 10% con el que no contabas, es la sorpresa, el billete de 10 pesos que encontrás arrugado en el bolsillo del jean justo cuando iba directo al lavarropas. También es abandono, soledad, celos, amistad, transición, compromiso.
Bridesmaids o Damas en guerra cuenta el periplo que debe atravesar Annie (Kristen Wiig) -protagonista, coguionista y coproductora de la película- cuando se entera que su mejor amiga Lilian (Maya Rudolph) está a punto de casarse. Desde el momento del anuncio de casamiento, Annie vive arriba de una montaña rusa emocional. Desde el shock que le provoca la noticia al rechazo de toda convención cursi casamentera, pasando por ataques de celos, papelones varios y el consabido y posterior aprendizaje después de mirarse un poco el ombligo.

Pueden o no gustar las películas de casorios pero el plato fuerte de Damas en guerra no es la boda, sino quienes la componen. Les presento a Kristen Wiig y Rose Byrne, las chicas de la foto de arriba, las que se pusieron la mochila al hombro para que funcione todo este engranaje.
Hay muchas películas de casamientos, despedidas de soltero descontroladas, cenas de ensayo frustradas, gente que duda en el altar al momento de dar el sí y novias que huyen con el vestido blanco de diseñador a cuestas, pero hay pocas donde el interés no recaiga en la novia, sino en el vínculo incómodo de las "damas de honor" y la competencia que se origina en este círculo. Por eso esta película, por eso el nombre y por eso este nido de ratas que conforman 5 mujeres juntas.

El grupo de honor de la novia incluye una chica naif salida de una figurita de Sarah Kay, una madre harta de ser madre con ganas de divertirse y una prima excedida en kilos sin ningún filtro, pero ¿por qué pongo el acento sobre Kristen Wiig y Rose Byrne? No sólo porque sus actuaciones son mejores, sino porque se nota el grado de interés en interpretar cada una su juego. Además con un poco de sutileza, puede inferirse que se divirtieron, y lo mejor es que lo transmitieron a la perfección.

La rubia Kristen Wiig proviene del semillero de Saturday Night Live. La chapa del SNL y la simpatía que irradia en cada escena son suficientes para decir que estamos ante una gran comediante. Inclusive, más de una vez, logra que nos pongamos de su lado aunque no sea políticamente correcto. Su contricante, la gran Rose Byrne es odiosamente exquisita. Quienes vimos Damages, la serie del estudio de abogados de Glenn Close recordamos que Rose empezó siendo una pichona en el bufet de abogados y literalmente terminó siendo una mujer de armas tomar.

Kristen y Rose no se tiran de los pelos ni luchan en el barro. Hacen cosas peores: cual adolescentes, compiten por quedarse con la corona de "mejor amiga" de la novia. Cada una a su manera. Kristen apela a lo emotivo y a los detalles nostálgicos de la amistad. Rose, como la amiga más reciente de la novia, es más cínica y sólo puede hacerle frente a la situación robándole ideas a Kristen con suficiente dinero de por medio.

Damas en guerra no escapa a los recursos de la tradición de la nueva comedia americana: hay humor físico, escatología, incorrección política, está lejos de ser una comedia naif y sin embargo me gustó. ¿Será porque en el fondo se cuenta una de amor y amistad? ¿Será por el musical kitsch de aquel trío femenino Wilson Philips y volver a escuchar Hold on, esa canción que escuché hasta el hartazgo en mi adolescencia? ¿Será porque hay lindos cupcakes y despedida de soltera parisina? ¿Será porque hasta Don Draper de Mad Men tiene una participación? ¿O será simplemente porque estaba dispuesta a que me sorprendan?
Será por eso.
Porque la vida te da sorpresas y está bueno estar preparado para recibirlas.


Bridesmaids
Dirección: Paul Feig
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23 febrero, 2012

Los can-didatos

"En toda la historia del mundo, existe una sola cosa que el
dinero no ha podido comprar jamás...el movimiento de la cola de un perro

(Josh Billings, La dama y el vagabundo,

Walt Disney)


¿Quién no recuerda la famosa serie Lassie que tenía como protagonista al collie que ladraba en las praderas? O las aventuras de Benji? En los 90, entre el mambo y las transformaciones, un perrito competía dignamente para robarle protagonismo frente a las cámaras al verdoso Jim Carrey.

Un perro labrador es el hilo conductor que atraviesa y cambia la vida de los muy rubios y encantadores Jennifer Aniston y Owen Wilson en la lacrimógena (pero imprescindible) Marley & yo.

Jeff Bridges trataba de domesticar a un rebelde border collie mientras luchaba consigo mismo en A dog year, ya mencionada acá. A Tom Hanks también le tocó lidiar con un perro baboso con pretensiones de policía en Socios y Sabuesos, y Diane Lane publicaba un aviso en un site con una condición muy explícita para conseguir novio: Must love dogs. Así se llamó la película en la que se pavoneaba cual adolescente con John Cusack gracias al encanto de su llamativo perro Terranova.
Hay perros lazarillos, perros rescatistas, perros con pedigree, perros de "entrecasa" y perros que prefieren codearse con las celebrities de Hollywood.


Estos perros - actores, a veces considerados simpáticos personajes que adornan la historia que se pretende contar, muchas veces son tan o más importantes que el resto del elenco. Este año, las estrellas de cuatro patas participaron por primera vez del Collar de Oro, el Oscar canino organizado por la revista Dog News Daily.




El pasado 13 de Febrero muchos perritos y sus orgullosos entrenadores desfilaron por la alfombra roja y celebraron la primera edición de los premios a la mejor interpretación canina. Además de merecido, el evento -que se busca repetir año a año- fue a beneficio de las instituciones de rescate canino de Los Ángeles.
La genial interpretación de Uggie, el perrito de raza Jack Russell de El Artista, generó revuelo en Cannes cuando recibió la "Palm Dog", una mención honorífica, aunque no oficial, paralela al famoso festival francés. Asimismo, la noche de entrega de los Golden Globe Uggie no sólo hizo acto de presencia en la gala, sino que compartió la alegría en el escenario de las 3 estatuillas que finalmente alcanzó la película del director francés Michel Hazanavicius. Finalmente, una campaña creada por sus fans en Facebook y Twitter (Consider Uggie) hizo que el simpático can resultara candidato para finalmente alzar sus patas con el galardón mayor de la noche de los perros. La estrella canina que baila con las patas traseras a la par de Jean Dujardin en El Artista y que hizo números de circo en Agua para elefantes tiene una docena de películas en su haber y varias publicidades. Si bien su entrenador declaró que después de tanta exposición era hora que el pichicho de nueve años descansara de los sets de filmación, se rumorea que Uggie será la nueva cara de Nintendo. Y hay más; para quienes todavía no se animaron a ver El Artista, la película favorita al Oscar, Uggie (gran protagonista del film) tendrá un numerito estelar junto a Billy Cristal en la ceremonia de entrega de los Oscar el próximo domingo.

Con más o menos glamour los cuatro patas emocionan, hacen reír, salvan a sus dueños de catástrofes, acompañan en momentos dolorosos, protegen del peligro y son especialistas en dar amor. Siempre. En las buenas y en las malas. No hay premio que alcance semejante lealtad.


Cosmo, de la película Begginers (uno de los competidores de Uggie)


Para más información: http://dognewsdaily.com/

29 junio, 2011

El encantador de perros

Hay dos tipos de encantadores de perros: César Millán es uno de ellos. Conocido por su serie televisiva en Animal Planet, el encantador de acento cuate se encarga de enseñar trucos y reglas básicas para adiestrar a pichichos con problemas de conducta. Simulando una consulta médica César asume el rol de doctor, indaga en los hábitos y costumbres de los dueños/amos de casa y de la mascota a tratar. Una vez hecho el diagnóstico se encargará de mostrar ejercicios y tips para reeducar al mejor amigo del hombre. Al final del programa, el can más histérico será una seda y el antisocial del barrio será el mejor amigo de los niños.


El otro encantador de perros es el anti-Millán. Es capaz de transgredir las reglas y hace lo impensado sin importar raza, color, edad o contextura física del animal. Es el que dormirá enroscado en un costadito de la cama para que la fiera duerma a pata ancha en la queen size. Esta clase de encantador se armará de paciencia cuando el animal ataque alacenas, heladeras mal cerradas o deje los vidrios empañados de saliva, y también tomará la valiente y dolorosa decisión de despedirse de su amigo cuando llegue la hora.


Según el caso que nos ocupa esta vez en el vecinito, el otro encantador de perros es Jeff Bridges.

Si hacía falta algo más para terminar de adorar a un hombre como Bridges es que decidiera hacer A dog year, una miniserie producida por HBO sólo apta para los amantes de los cuatro patas.

Un año de perro (tal como fue traducida) no es para los que miran de reojo y con desprecio cuando un animal se les acerca. La serie es ideal para los que se revuelcan a jugar con su perro panza arriba sin importar que el jean se ensucie, es para los que entre bocado y bocado dejan un pedacito de pollo, carne o lo que se tenga en el plato para el pichicho, los mismos capaces de alimentar a sus cachorros a base de nestum y volver al mismo método alimentario cuando les llegue la vejez.


De acuerdo a la categoría en la que cada uno se reconozca, podrán amar u odiar la serie perruna.

Desde ya que si son de los que cuidan a sus mascotas como hijos no sólo van a disfrutar A dog year, sino que van a volver a enamorarse de Jeff Bridges; barbudo y desaliñado como le gusta estar, con sus canas al viento y esas muecas tan tan Jeff Bridges.


Basada en las memorias de Jon Katz, A dog year cuenta la historia de un escritor hermitaño, perrero por excelencia desde los títulos de apertura de la película, quien decide hacerse cargo de un border collie con serios problemitas de conducta y la misma seria proporción de ganas y necesidad urgente de mimos y cuidados.


Devon, así se llama la nueva adquisición, se une al clan familiar perruno conformado por dos perras labradoras adultas y buenazas que registran pacíficamente la locura del nuevo integrante familiar.
El período de adaptación entre los miembros de casa no es fácil. La vuelta manzana con Devon puede transformarse en una maratón que hará sarandear esos kilos de más que lleva el buen Jeff desde hace unos años. Las alacenas de la cocina se fajan cual escena del crimen a lo CSI, pero por más caótica que se vuelva la situación, Jon hace oídos sordos de todo consejo proveniente de las paquetas del barrio y sus caniches pomposos y educados alegando que él puede con Devon, que él puede con todo. Pero Jon es un tipo díficil, capaz de alejar a su esposa e hija mientras atraviesa un bloqueo creativo de lo que será su nueva novela. No duda en recluirse en una casa de campo que tiene pinta de casa embrujada y esperar que la inspiración lo venga a buscar.
Allí, en el medio de la nada y con su perro problemático conocerá gente preocupada en ayudar a Devon...y a su dueño.


Quizá para muchos la serie no resulte una propuesta atractiva, no hay un desarrollo extenso de conflicto ni de los personajes, pero durante 80 minutos la calidad y calidez actoral de Jeff Bridges ilumina la pantalla.

Bridges, sus labradoras y el collie y esas cosas que sólo podemos ver, sentir y entender todos los que somos encantadores de perros.


Por eso me gustó tanto.

Por eso digo que A dog year es para ellos y para nosotros, los encantadores de este barrio.

Ojalá cada vez haya más.

03 mayo, 2011

El cuento del Rey

Inspirados gracias a la pomposidad del casamiento real, con el recuerdo todavía fresco en la memoria de William y Kate en el balcón del Palacio de Buckingham, hicimos honor a la realeza británica y vimos El discurso del Rey, película ganadora del Oscar.

Después de casi 2 horas de ver tartamudear al elegante novio de Bridget Jones y de cuestionar seriamente el Oscar más preciado, pasamos en limpio que el cuento que Colin Firth, futuro Rey Jorge VI de Inglaterra, les cuenta a sus hijas al lado del calorcito del fuego, rodeado por su mujer y los perros retacones, es lo mejor de la película de Tom Hooper.

Eso y las clases de teatro en las que se lucen el maestro Rush y el rey aprendiz Firth.


Para todos los que la vieron y los que no, ahí va el fragmento:


Había una vez dos princesas. Su papá era un pingüino. Una bruja malvada lo había hechizado. El problema era que a él le encantaba abrazar a sus princesas, pero cuando uno es pingüino no puede porque tiene alas con forma de arenques, y lo peor de todo era que ella lo había enviado al Polo Sur, y eso queda muy lejos si uno no puede volar.


Asi que fue hasta el agua, se zambulló y nadó tan rápido que al mediodía ya estaba en Southampton. Allí tomó el tren a Weybridge, luego tomó otro tren y le preguntó a un pato dónde estaba el Palacio. Nadó por el Támesis, salió por el desagüe de modo que mamá y la cocinera se asustaron mucho!


Cuando las niñas oyeron sus gritos, corrieron a la cocina y le dieron un buen baño, un atún y un beso...y al darle el beso el papá pingüino se convirtió en un albatros, con alas tan grandes que pudo abrazar a sus hijas a la vez...


(The king's speech, 2010)

25 diciembre, 2008

Dígalo sin hablar



Love actually, la película que hay que volver a ver en esta época del año.
Feliz Navidad.

20 noviembre, 2007

Gente de terror

Había muchos motivos para ir a lo de Ana María. El principal, o eso creía yo en aquel momento, era la pelopincho.
Una casa con mucho verde y la gloriosa pileta de lona cuando el calor apretaba eran una bendición. Desde temprano me encallaba cual orca de Mundo Marino y salía del agua arrugada como pasa de uva. Ana, cada tanto, dejaba su Biblia (la revista Gente), entraba cuidadosamente a la pelopincho y comenzaba con una serie de movimientos cuasi mecánicos que se sucedían por repetición. La clave era mantener siempre húmedas nuca, cabeza y pecho. Como gata con cría hacía lo mismo conmigo. Me generaba cierto rechazo esa especie de revuelta bautismal, era uno de esos momentos en que deseaba más que nunca ser grande. Quería darme cuenta yo sola cuando podía estar insolándome o tener esa especie de poder vaticinar fiebre con sólo apoyar los labios en una frente, pero me dejaba hacer.

Después del almuerzo era obligatorio hacer la digestión. El pánico aquel que se te cortaba la digestión y te podías morir era lo que te repetían como loro. Por las dudas, me aguantaba el trámite y solía ser el momento indicado para la lectura de chimentos de la Gente. En mi casa no se compraba la revista asi que era la novedad, el acceso indiscriminado a todos los números semanales que se juntaban en una pilita, al lado de la tele. El libro estaba reservado para la tardecita, en la galería. Pasar parte del verano en lo de mi madrina tenía sus privilegios.

Cuando escuchaba que los sapos salían a escena desde el verde me iba para adentro y prendía la tele.

Era sábado a la noche y en el 13 daban una de terror. En la propaganda había visto a una chica bañada en sangre, caminando como posesa. Carrie, así se llamaba la película. Había algo hipnótico en ella, en su mirada desquiciada. Tenía que verla. Terminamos de comer temprano y gracias a ese cansancio típico del ocio del verano (sol-pileta y pileta-sol) la flia cayó frita. Para ver Carrie no se pedía permiso. Carrie era lo mismo que decir no. Además, nada más emocionante que escabullirse del cuarto, llegar en puntas de pie hasta la tele de la cocina y ver a oscuras, pegada a la pantalla, una de las grandes obras del Sr. Stephen King. Nada fue igual. El género terror se apropió de mi durante largo tiempo. Desde lejos, los sapos fueron testigos y la Su, siempre diva, parecía sonreírme desde la tapa.

07 noviembre, 2007

Espíritu adolescente

Hubo un tiempo en que Blockbuster no existía.

En esa época, el videoclub de barrio era amo y señor. En aquel momento podía estancarme cual orca marina frente a la vidriera de un videoclub el mismo tiempo proporcional que paso ahora mirando zapatos. Deseaba locamente esas cajas toscas y pesadas que contenían la dulce miel de los vhs. Quería llevarme todas a casa, sentarme frente al televisor y si era preciso que se me cayeran los ojos pero había un problema, básico y mayúsculo: no tenía videocassetera. Tener una "video" era un artículo de lujo asi que mientras soñaba despierta esperando la video propia, decidí aprovechar todas las situaciones que me deparara el destino. Ese día el destino se llamó Norma y Rodolfo, una amorosa parejita de Vicente López que había organizado una cena para grandes. La excepción a la regla era un niño de 4 años (hijo de los anfitriones) y yo, una mocosa de 8.

Se notaba que Norma había pasado todo el santo día metida en la cocina. El resultado fue un escalofriante aspic de frutas y un pollo medio crudo. Mientras intentaba comer un cuadradito de manzana cubierto de esa cosa gelatinosa, las cosas no se ponían mejores. Los grandes charlaban de trabajo y cosas de grandes hasta que Rodolfo tuvo una gran ocurrencia y me preguntó ¿Querés ver un video? Antes que terminara de decirlo ya estaba instalada en el sillón peliculero, dispuesta a la aventura. ¡Había dos vhs! Con suerte, si los grandes se entusiasmaban, hacía función continuada. La primera escena no desbordaba emoción. Quise darle tiempo a que se desarrollara la acción. Un hipopótamo se bañaba con extrema parsimonia. El hipopótamo bebé era más adorable, pero las escenas eran tan desmotivadoras como el aspic de frutas que habìa quedado en la mesa. Como una premonición, cuando ya estaba deseando volver a la mesa de los grandes Rodolfo pasó frente al televisor y con un gran gesto que dio cuenta de su generosidad cambió el video. De entrada, el reemplazo parecía divertido. Unas luces de neón mostraban una pareja de chanchitos. Ella tenía una pollera cortísima. A él se le hacía agua la boca. A continuación, unas chicas se bañaban mientras descubrían que eran espiadas por un grupo de chicos. Otra se encerraba en penumbras con un chico y abría las piernas. Ellos siempre parecían torpes y nerviosos. Ellas, decididas. Cuando Porky's se estaba convirtiendo en una lección a futuro apareció Rodolfo y se puso blanco como un papel. Por un momento se hizo un silencio sepulcral y a continuación sacaron la película. Así fue como terminé una noche jugando a la fuerza con un niño de 4 años a los rastris y tuve que esperar algunos años más para ver el final de la historia de esos adolescentes dispuestos a terminar con su virginidad a cualquier precio. Para mi, ellos habían debutado esa noche y yo también, con la video, en algún lugar de Vicente López.