
y llevarme todoooo! O casi.

Queridos vecinos:
Siempre salía con un souvenir bajo el brazo. Cada vez que mamá me llevaba al viejo cine Los Ángeles me iba con algún recuerdo a casa. Seguramente había un stand con el merchandising de la película que estaba en cartel, o un lugar que funcionaba como santería animada con discos (nada de cds o dvds), muñecos, pins (en ese entonces prendedores) y libros para colorear y releer la historia de Cenicienta o Bernardo y Bianca. Cuando el paseo terminaba lo único que quería era llegar a casa, escuchar el disco nuevo o releer la historia que acababa de ver en la pantalla grande. Un libro ilustrado se disfrutaba con la minuciosidad propia de cirujano y el disco se escuchaba hasta que la púa se gastara. El ritual duró años. Con el tiempo el disfrute se tradujo en una obsesiva colección de entradas de recitales, tickets de viajes y todo tipo de chucherías. Lo cierto es que en toda colección hay algo nostálgico. Hay quienes coleccionan comics, muñequitos que devienen amuletos de la suerte o discos inéditos. De alguna manera el objeto en cuestión se vuelve objeto de culto. No admite préstamo alguno y a veces, vale aclarar, lo cuidamos con tanto esmero que parece enfermizo.