05 agosto, 2016

Un libro, un disco y una serie: Modo invierno

Dicen que este invierno fue crudo, húmedo y frío. Y algo de eso hay. Sin profundizar en la cuestión estadística y meteorológica, seguramente, muchos de ustedes habrán sacado del fondo del placard el gorro de lana con pompón, los guantes y la camiseta térmica. Durante las primeras horas de la mañana, habrán jugado como chicos con el humito que sale por la boca y a la noche, al final del día laboral, se habrán premiado con una comida potente, de esas que calientan el cuerpo y el espíritu. Y si no hicieron naaaada de todo eso, todavía están a tiempo. El calendario dice que todavía queda algo así como un mes y medio de invierno. Y antes que se termine, la vecinita vuelve a un clásico de este blog. Pasen y lean!

Un libro, un disco y una serie
Modo invierno

Un libro
Busco un amigo
Mori Ponsowy

Busco un amigo llegó a mis manos en plena época navideña.  Me habían regalado dos libros iguales y uno debía ser reemplazado. Osea, fue producto de un cambio. Uno de esos cambios que salen bien porque sabía que existía esta novela y encaré la búsqueda hasta encontrarlo. Hace un tiempo me había llamado la atención la portada, la contratapa y por supuesto, las primeras hojas que me había encargado de leer a la ligera. En ese momento, supe que el libro de Mori Ponsowy había pasado a formar parte de la lista de libros pendientes de compra.
Busco un amigo fue el primer libro leído este año y se me ocurre que volveré a releerlo antes que termine porque, entre otras cosas, es una lección de optimismo y de humor. Es la historia de Amelia, una chica que bien podría ser nuestra amiga. Tiene treinta y pico, es traductora y está soltera. Le gusta definirse como una persona sensible, atractiva y femenina, amante del vino tinto, los libros, el cine y su casa. Amelia es un buen partido y lo sabe, sólo que debido a su trabajo independiente no suele frecuentar lugares donde pueda conocer a alguien. Entonces, en lugar de anotarse en el típico curso de cocina, Amelia hace algo mucho más valiente: publica un aviso clasificado en el diario de mayor tirada y titula: Busco un amigo. 
Kamikaze como pocas, se enfrenta a una chorrera de mails y de personajes que van de lo convencional a lo freak. Desde un enano a una viejita de geriátrico que quiere seguir la evolución de su proyecto. Desde un músico con un reptil por mascota a un poeta, por sólo mencionar algunas de sus experiencias.
Busco un amigo parodia las comedias románticas que tanto amo, incluye viaje a New York, pero no sólo se centra en la búsqueda de ese amor de película, también se hace un hueco para contar el vínculo amoroso de Amelia con su abuela Enriqueta, una mujer con la que compartió horas de cine, lecturas y salidas. 
Están avisados. Busco un amigo viene a decirnos que, a veces, cuando salimos en busca de una cosa, es posible encontrarnos con otras de igual intensidad, pero distintas. 
Y eso puede ser muy bueno.

Un disco
Mercury Falling
Sting

No hay disco más invernal que Mercury falling y no sólo por las fotos hogareñas color sepia que siempre quedan bien. Y si hablamos de Sting, mucho mejor. Aunque es sabido que Sting va con todo y nada puede quedarle o sentarle mal.
Dejando mi fanatismo de lado, Mercury Falling es el disco ideal para pasar el invierno. Junto con un par de discos más es MI disco. Intimista en todo el sentido de la palabra. Es para reposar, diría, meditar con uno mismo. Menos una, todas las canciones fueron escritas y compuestas por Sting. En aquel momento, Let your soul be your pilot fue el tema de difusión que escuchamos hasta el cansancio. Excepto ese tema, el disco más bien fue anticomercial y por supuesto, poco entendido por los críticos musicales que esperan siempre tener de qué hablar por los siglos de los siglos. Por suerte, esa parte me tocó a mi. Pasaron 20 años desde el lanzamiento de Mercury Falling y para mi nunca pasará de moda. Nunca voy a dejar de amar a Sting cuando canta en francés La belle dame sons regrets, I was brought to my senses o You still touch me, y pensar y sentir lo que él canta allí. Hasta en mis pesadillas, todavía me abrazas.  
Siempre será mi banda de sonido personal. Y Sting, uno de mis favoritos. 
Siempre.

Una serie, LA serie
Stranger Things
Netflix

Steven Spielberg todavía debe estar babeando. Stephen King lo mismo. Y nosotros, en el barrio, con un apellido más modesto y menos conocido que estos dos monstruos que adoramos, todavía no podemos creer lo que nos pasó con Stranger Things. 
Fue amor a primera vista. 
Fue nostalgia.
Fue miedo.
Fue mi infancia. 
Fue ET, Los Goonies, La cosa, Cuenta conmigo y Alien.
Fue un libro gordo de Stephen King comprimido en 8 capítulos que se ven demasiado rápido.
La pregunta del millón es: ¿me puede gustar Stranger Things si no me gusta nada de todo lo anterior? A ver, vecinitos, con una mano en el corazón, les tengo que decir que si fueron niños en los nostálgicos 80, si en un zapping aparece ese extraterrestre que repetía Teléfono Casa y no pueden dejar de verla, si tampoco pueden resistirse a las historias de un grupo querible de chicos que bancan la amistad por sobre todas las cosas, si admiran la obra del Rey King, si quieren volver a escuchar a Toto, The Clash, Joy Division, The Bangles o New Order y recordar la cara sin cirugías de esa mujer un poco olvidada que fue y es Winona Ryder, entonces no pueden dejar de ver Stranger Things
La serie transcurre en uno de esos pueblitos donde nunca pasa nada. Hasta que empieza a pasar. Will es el niño que una noche, después de jugar con sus amigos, desaparece en circunstancias misteriosas. Sus amigos, en bicicleta (detalle no menor), nunca dejarán de buscarlo. Su madre, menos. Sobre todo cuando descubre que puede comunicarse con su hijo a través de la electricidad y es capaz de transformar su casa, triste y gris, en un arbolito de navidad permanente. 
Y no olvidemos, por favor, que Stranger Things es Eleven, esa nena de cabeza rapada con poderes sobrenaturales, capaz de escapar de un laboratorio siniestro, que aparece en la vida de los chicos para cambiarles su realidad y robarnos el corazón. Y el de Mike, también.  
Parece mentira pero sólo pasaron dos semanas del estreno de Stranger Things en Netflix y es trending topic. Todos hablan de la serie de los hermanos Duffer, de 32 años, que según dicen crecieron en los suburbios de Carolina del Norte, alimentados por los libros de Stephen King, las películas de Spielberg y de Carpenter. Ese era su "combustible espiritual", esas historias los definieron y fueron fuente de inspiración. Hoy, con Stranger Things le rinden su homenaje. 
Y ese homenaje es tan sentido, tan nostálgico y está tan bien escrito y dirigido que no nos da bronca cuando vemos una escena que parece sacada de Alien, Cuenta conmigo o ET. Todo lo contrario, se nos pianta un lagrimón. 

Por suerte, la nostalgia tiene un poco más de cuerda. 
Habrá segunda temporada.
Gracias por tanto en tan poco tiempo.

Nos volveremos a encontrar con esta sección en Primavera!
Buen finde, vecinitos!

01 agosto, 2016

Bienvenido, Agosto


Hace un tiempo descubrí que me gusta arrancar un nuevo mes en el blog con música.
Un nuevo mes me hace pensar en un cuaderno en blanco. Listo para estrenar nuevos sueños, nuevas aventuras.
La vecinita les desea que Agosto los reciba con los brazos abiertos y sobre todo, que sea brillante y hermoso, como este video.
Feliz Agosto, vecinitos!
Nos reencontramos el viernes con nuevos posteos!



29 julio, 2016

Todas aman a: Joaquin Phoenix


¿Es o se hace? ¿Joaquin está medio "tocado" o es una postura, un personaje? 
Nunca vamos a saberlo. Esa gran incógnita nos motiva, nos enamora y nos conmueve hoy en el blog y cada vez que vemos una de sus películas. No nos arranca un suspiro meloso. Joaquin no es miel, es como un trago de autor a descubrir. Te pueden contar qué espirituosas mezclan, cuánto hielo, cuánto batido, cuánto almíbar pero el resultado está en la copa, en el color, en el perfume de ese trago. Hay que probarlo, degustarlo y después pedir una vuelta más.
Así es Joaquin. 

De belleza inquietante, intenso y profundo, casi como esa marca de nacimiento que lleva en el labio que da ganas de mirar de cerca. Eso es lo que provoca: cercanía. Es un imán que atrae.
No es alto ni atlético. Más bien, todo lo contrario. Si no me creen, su panza también es protagonista en Hombre irracional, la última de Woody Allen.  
No es su altura, su porte, ni el labio ni sus ojos clarísimos. Es un enigmático, un rompecabezas difícil de muchas piezas al que vale la pena dedicarle un tiempo y tratar de resolver. 
  
Nació en Puerto Rico y proviene de una familia misionera. Es el tercero de cinco hermanos. Todavía recordamos a uno de ellos, River Phoenix, el chico rubio de Cuenta conmigo que murió tan joven a causa de una sobredosis. Dejando la desgracia a un lado, el clan familiar viajó por toda Sudamérica y cuando finalmente hizo base en LA, empezaron a ubicar profesionalmente a los críos en el mundo de la publicidad. Joaquin no estaba para vender un producto. Él era el producto. Estaba para más y Gus Van Sant, que ya había trabajado con su hermano difunto River, lo rescató y le ofreció interpretar a un adolescente embobado y dominado por Nicole Kidman al el punto de asesinar a quien le pidan en Todo por un sueño. Fue emperador en Gladiador, interpretó al cantante Johnny Cash y fue un veterano de guerra que cae en la secta de Philip Seymour Hoffman en The Master, entre otros.
A pesar de su extenso CV, a la vecinita no le llevó nada de tiempo seleccionar sus favoritas. A continuación, trataré de argumentar el por qué de la selección.

Los amantes
(Two lovers)

Triste y melancólica, esta película de James Gray es una adaptación libre de Noches blancas de Dostoievski. Y una vez más, Joaquin la pasa mal. Nunca lo van a llamar para una comedia. Su vida es tragedia. En Los amantes, Phoenix es bipolar y esa bipolaridad está representada en TODA la película. Hay dos mujeres bien distintas en su vida, dos familias detrás y dos hechos que lo torturan y no lo dejan avanzar: el amante de Michelle (Gwyneth Paltrow), su vecina inestable de la que está enamorado, y el fantasma de su ex con la que estuvo comprometido y lo abandonó. Hay una escena fundamental. Es fría, azulada. Joaquin mira hacia arriba. Con su mirada busca a Michelle en la ventana, desde ese patio interno, con un bolso listo para ir a algún lado. No llueve pero ni falta hace. Phoenix es lo más parecido a un perro abandonado. Y algo de eso hay. Los amantes no levanta el ánimo, pero es de una elegancia casi clásica. Él bien vale la pena.

Ella
(Her)

¿Cómo no enamorarse de Theodore si desde que empieza la película sólo habla de amor? Su trabajo consiste en escribir cartas amorosas de y para gente que no puede o sabe escribirlas. Esto es sólo uno de los tantos puntos a favor de Her. Es una película que podría haber hecho perfectamente mi amiga, Sofia Coppola. De hecho, su director Spike Jonze es el ex marido de Sofia.

Allí donde Los Amantes era gris, fría y azulada, en Her los colores son vibrantes, hay luces de neón, modernidad a patadas, hay destellos de sol que pegan en la cara, nieve, playa, picnic y sin embargo es melanco. Her reemplaza el problema del la comunicación oriental de Perdidos en Tokio por vivir conectado/enamorado de un sistema operativo. Scarlett Johansson, quien fue protagonista de Perdidos en Tokio, es curiosamente la voz que le toca en suerte en el teléfono a Joaquin, aquí llamado Theodore.

El protagonista está recientemente separado. Ama a su ex mujer. Dice cosas hermosas de ella y del matrimonio. Un compañero de oficina elogia su trabajo, su sensibilidad. Dice que sus cartas son casi un pensamiento femenino, y eso es lo que él transmite a través de la pantalla. Es el pensamiento de una mujer en el cuerpo de un hombre que nos gusta.

Theodore vive en un piso con una vista impresionante donde se respira soledad y la falta de una mujer. Sin pensarlo demasiado cree que Samantha, la voz en su teléfono, el sistema operativo que adquiere y sabe todo de él, viene a ocupar ese lugar. Por un momento nos parece imposible, pero después nos ponemos contentas por él. Theodore sonríe, está locuaz, tiene ganas de cantar y tocar el ukelele, no le importa hacer el ridículo en la calle. Está vivo y parece abandonar, por fin, esa extraña tensión que siempre tiene encima. Diríamos, es casi feliz.

Lamentablemente, como dicen que la felicidad son pequeños momentos, Joaquin volverá llorar, perderá el control y por último, retornará a su lugar de origen. Entonces, sabremos que nadie está más solo que él en la pantalla, a pesar que tiene una amiga vecinita genial que está casi en la misma, nuestra amiguísima Amy Adams.

Cada vez que veo Her me dan ganas de atravesar la pantalla, abrazarlos a los dos y llamar a Spike Jonze, el responsable de tremenda película. Una de las favoritas del barrio. Y sólo podía hacerla Phoenix, el muchacho de apellido que casi se pronuncia "Fénix", como el ave que resurge de sus cenizas.
El trago perfecto que esconde un sabor desconocido.
El rompecabezas difícil de mil piezas
Y el ave que renace eternamente.

26 julio, 2016

La lección del mandala

Los monjes tibetanos hacen mandalas de arena teñida esparcida en grandes y hermosos diseños.
Cuando están hechas, después de días o semanas de trabajo, las borran totalmente.
Trata de ver tu experiencia aquí como un mandala, Chapman.
Trabaja para hacer ésto lo más significativo y hermoso que puedas. Y cuando termine, guárdalo y ten claro que sólo fue temporal.
Tienes que recordar eso.

Todo es temporal.
Sobrevivir aquí es una cuestión de perspectiva.


(Orange is the new black, Season 1)


Ese momento único en que te das cuenta que una nueva serie llegó a tu vida. Y te encanta.
En el barrio ya tenemos las provisiones necesarias para pasar el invierno.
Té, chocolate, manta abrigada, gatas, mucho amor y Orange is the new black, la nueva del barrio.


22 julio, 2016

La excepción Ashton

Hace unos días vi una película con Ashton Kutcher. Confieso: No me gusta Ashton. Nunca me gustó ni un poco. Mientras escribo, chequeo y rechequeo cómo se escribe su nombre y apellido. Ni eso logro retener. Nunca saldrá un post de baboseo sobre Kutcher. Sin embargo, muchas mueren por Ashton. El caso más extremo es el de Demi Moore quién no sólo fue capaz de dejar al gran Bruce Willis por el teen, sino que casi muere muerta cuando terminó su relación con el muchacho.
Dejando de lado las cuestiones del corazón del trío Demi - Bruce - Ashton, es sabido que siempre hay una excepción a la regla. La película en cuestión de este post es A lot like love o Muy parecido al amor. Que quede claro que llegué a ella gracias a mi simpatía por Amanda Peet, no por la presencia masculina. Sin embargo, Ashton está simpático y casi que le aceptaría un café.

Insisto que Amanda le pone onda y es una buena coequiper, pero Ashton también pone su parte. Hay algo que seduce en su personaje. No es su altura ni su cara angulosa, más bien tiene que ver con su crecimiento, con alcanzar la madurez suficiente y pelear por las cosas que queremos lograr en la vida, aún cuando el panorama no sea el deseado.

Ashton conoce a Amanda en un avión, rumbo a NY. Es casi un niño. Usa flequillo partido al medio, zoquetes y buzo con elástico ancho a la cintura. Es un chico recién salido de "la prepa", pero sabe lo que quiere y está convencido que en unos años va a ganar mucho dinero. Amanda no pone fichas en el futuro del galán pero acepta el reto. En 6 años, Ashton asegura que habrá  alcanzado su objetivo profesional y ya no vivirá bajo el techo de sus padres. Amanda deberá contactarse al teléfono paterno de Ashton y sólo así comprobar que la profecía se habrá cumplido.


Efectivamente, en seis años Kutcher ya no usa ese flequillo infantil. Es más bien parecido a la versión que enamoró a Demi Moore. Logró sus objetivos profesionales y casi personales. Recién ahí empieza el idilio fugaz de la vecinita con Kutcher, no sólo porque tiene un buen corte de pelo (no somos tan frívolas), sino porque es un hombre que sabe lo que quiere, porque hace reír a Amanda y porque se acompañan mutuamente una noche de año nuevo.

La historia está repleta de encuentros y desencuentros a destiempo. Podría seguir pero no es la idea, sólo quiero detenerme en una escena en particular, una foto, un momento.
Creo que la vida es un poco como la escena que acompaña el post de hoy.

Ashton lloriquea porque su novia lo dejó.
Amanda tampoco tiene muchos motivos para sonreír. Acaba de ver a su ex con una amiga. Sin embargo, prefiere cantar antes que escuchar toda la lata que Ashton prefiere lanzar al universo.
A veces -o casi siempre- la felicidad se conforma de aquellos pequeños momentos compartidos que podemos construir, con más o menos recursos, junto a otro. Aunque nos duela el cuerpo, el alma, el corazón y aunque sólo tengamos ganas de decir lo injusta que puede ser la vida.

La felicidad ES esa escena. Un poco tonta, un poco infantil como el ex flequillo de Ashton, pero tan necesaria. Es salir a la ruta, sin un destino muy fijo, con snacks y un vino para más tarde. Es cantar desafinado, con el chico o chica que te gusta, una canción ochentosa y a la vez tan irresistible de Peter Cetera.

Muy parecido al amor abunda en encuentros y desencuentros previsibles. Es una romántica, no lo olviden.
Y tampoco olviden que siempre hay gente que logra  hacerte olvidar de esa nubecita negra que a veces invade el bocho y te muestra que, aunque no puedas verlo en ese preciso momento, muy pronto vas a estar riéndote a carcajadas y cantando canciones mersas como las del video.


Buen finde, vecinitos!

21 julio, 2016

La vida secreta de las mascotas

Lo huelo.
Lo presiento.
Lo sé.

Hoy se estrena LA película del año. 


No soy infalible, pero al menos en estas cuestiones no suelo equivocarme.
¿Creen que me estoy adelantando? Los desafío. 
Eso sí, van a tener que esperar la respuesta final en el balance cinéfilo 2016.
Nos vemos en el cine!

20 julio, 2016

Amigas


Hoy es un día ideal para caer en el lugar común y las frases hechas. Friends will be friends de Queen es un clásico y seguramente alguna radio lo usará de cortina. La versión local de ¿los enanitos verdes? que decía Siempre serás mi amigo será la opción argenta. El cable repetirá Toy Story. Los noticieros cubrirán los festejos del día del amigo, las radios sortearán entradas para ir con tu amigo a ver una obra de teatro o una invitación a cenar y hay altas probabilidades que las redes sociales colapsen. 
Lo cierto es que con o sin sorteos, con canciones mejores o peores, hoy es el día del amigo y la vecinita no puede dejar de hablar del tema. El barrio también cae en el post fácil pero necesario. 
Más aún, cuando a pesar que la vecinita no se encuentra todos los días con sus amigas como Carrie Bradshaw (¿quién sí?) , las siente tan cerca.
Están presentes en llamados, mensajes, imágenes, comentarios, almuerzos, cenas, cines, con una copa de vino o con una gaseosa de máquina del trabajo. 
Están para apapacharme y yo para apapacharlas cada vez que lo necesiten. 
Están para programar un finde en piyama y ver (una vez más) El diario de Bridget Jones y también para salir de copas.
Están para traerte paquetes de carilinas un sábado de tormenta. 
Están para calmar angustias con postres chocolatosos.
Están para reírnos juntas de las desgracias y para llorar de felicidad. 
Están para programar viajes y todo lo bueno que nos queda por hacer.
Y para hablar sin parar y respetar nuestro silencio, sin incomodidad de por medio.

GRACIAS. 

Ustedes son eso y más.
Las quiero muchísimo y nos deseo una FELIZ VIDA juntas!

Este post va con video de regalo. No sólo porque con esta película empezó mi fanatismo por las comedias de Apatow, sino porque en Bridesmaids decide contarnos lo mejor y lo peor de un grupo de mujeres al borde de un ataque de nervios, pero que siempre están. En las buenas y en las malas. Como debe ser.
Además, incluye un tema irresistible de nuestra adolescencia! (Lo confieso: conservé el cd)
Si quieren releer el post ya escrito de Bridesmaids pueden ir ACÁ.
Suban los parlantes y a festejar!



15 julio, 2016

Momento Chick-Lit


Me hago cargo. Un día, la chick-lit cayó en mis manos. No es loco que ésto suceda. No olviden que la vecinita de enfrente se nutre, entre otras cosas, de historias románticas, de encuentros y desencuentros.
Buscando sobre el tema que trataremos hoy en el blog encontré los siguientes titulares: 

Chick Lit, el género que cuenta cómo ser mujer y no morir en el intento. 
El fenómeno Chick Lit
Chick Lit, el género de las chicas
La nueva educación sentimental

¿De qué hablamos cuando hablamos de Chick-Lit? En primer lugar, desglosemos el término que proviene de la palabra chick que equivale a chica y lit que hace referencia a literatura. Es decir, literatura para chicas. Este género dentro de la novela romántica cuenta historias de mujeres, generalmente entre los 30 y los 40, independientes, trabajadoras, un poco torpes, urbanas y glamorosas.  Las protagonistas lidian con la búsqueda del hombre ideal, el trabajo, la moda, las infidelidades, el estrés de la vida cotidiana, las dietas, pero la clave y lo que todo libro chick lit debe tener es humor. El diario de Bridget Jones, Sex and the City, El diario de una Niñera y Comer rezar amar son algunos ejemplos que perduran en el tiempo y que nacieron gracias a este fenómeno. 


Si quieren conocer este universo femenino van a tener que emprender una búsqueda del tesoro. Los libros chick lit hay que salir a buscarlos y ganárselos. No se consiguen en las mesas de novedades ni tampoco en la sección de "novela romántica". Si bien el meollo de la cuestión es la historia de amor, acá no hay corceles ni caballeros de brillante armadura. 
Los personajes masculinos suelen ser hombres de negocios vinculados al diseño, la publicidad, la moda. Las mujeres suelen ser más inseguras pero acaban comiéndose al mundo. Y a los hombres, por supuesto. Hacen pilates, lloran, ríen, comen helado del tarro, hojean revistas de moda y romances y siempre tienen una amiga incondicional.

Es cierto que los libros chick lit son estereotipados, previsibles, de manual. Sin embargo, a veces, es todo lo que necesitamos leer. 
No les va a pasar lo que a la protagonista. Tampoco les va a cambiar la vida, pero cuando se den cuenta van a estar sonriendo en un subte lleno de gente, en cada frenada de colectivo, mientras algunos duermen y otros tan ocupados consultan cada dos minutos sus teléfonos última generación.
Por supuesto, ningún exceso es bueno. Por eso, la vecinita sugiere intercalar algo ¿serio? y una dosis de chick lit.

Están quienes hacen yoga o salen a correr. Otros, necesitamos por un rato hacer de cuenta que somos amigas de Bridget Jones o Carrie Bradshaw. Aunque sea a través de las páginas de un libro, lejano a las calles de Manhattan.

Un té y chick lit para todos

12 julio, 2016

Milagros inesperados


¿Viste cuando todavía no tenés planeada tu vuelta definitiva al blog y el mundo decide en tu lugar?
¿Y viste cuando el colectivero se pasa de largo tu parada y parece complicarte la mañana pero sucede todo lo contrario?
A veces nos pasan cosas inesperadas en la vida.
Como esta calle, en pleno Belgrano, en hora pico.
Vos y la calle por delante. A solas, pero sabés que en realidad estás más acompañada que nunca.
Y el sol brilla para vos.
Directo en tu cara.
Y el milagro no termina acá. Mejor dicho, recién empieza.
El sol deviene flor en la foto que lográs capturar.
Y no busco ponerme mística ni tampoco quiero una explicación técnica de la foto en esta mañana de martes de Julio.
Simplemente sucede.
Y ya es un buen día.
Y así, más pronto de lo esperado, casi casi que vuelvo al blog.

Eso.
Y esta canción en mis oídos.
Y no es una puesta en escena.

Sí, pasan cosas inesperadas en la vida...




Es un gusto volver al barrio, vecinitos.

07 julio, 2016

TANABATA o pidiendo un deseo a las estrellas

Noche de jueves que parece viernes. Víspera de feriado largo. Algunos estarán preparándose para cenar. Otros, en alguna ruta con destino a algún lugar para disfrutar estos tres días que se nos presentan por delante. En cambio, en este barrio, la vecinita está colgando deseos de los tallos de una de las plantitas suculentas del balcón. 

Como cada 7 de Julio hoy se celebra TANABATA, una hermosa leyenda japonesa.
Lean la historia japo, triste pero romántica, cierren los ojos y pidan sus deseos a las estrellas. 

Hace mucho tiempo vivió una hermosa joven llamada Orihime, hija del rey del Cielo. Cuenta la leyenda que Orihime disfrutaba tejiendo vestidos para su padre y encontraba en esta actividad todo lo que podía desear para ser feliz. Así pasaba plácidamente los días en la Llanura Alta del Cielo, absorbida en su trabajo y al ritmo del monótono sonido de la lanzadera del telar. Pero una mañana, al dirigirse al telar, Orihime vio a un joven apuesto pastor de bueyes llamado Hikoboshi y se enamoró perdidamente de él. Aunque mantuvieron el romance en secreto, el rey del Cielo advirtió en su hija el amor que sentía por Hikoboshi y les unió en matrimonio.

Sin embargo, la felicidad no iba a durar mucho. Su apasionado amor y el indescriptible gozo que sentían por el mero hecho de estar juntos provocó que descuidaran sus deberes; Orihime dejó de tejer y Hikoboshi abandonó los bueyes a su suerte. Si en un principio el rey del Cielo toleró con indulgencia este comportamiento, no tardó en tener que tomar medidas drásticas ante el cariz que había adquirido la situación. Fue así como castigó a los dos amantes y los separó para siempre convirtiéndolos en estrellas. Pero separar a dos enamorados por toda la eternidad sin perspectivas de reencontrarse era demasiado cruel; así que les fue concedida la posibilidad de volver a verse una noche cada año, la noche del séptimo día del séptimo mes. Esa noche, las urracas acuden a volar sobre el río Celestial y con las alas totalmente desplegadas forman un puente por el que Hikoboshi cruza el río camino de los brazos de su amada. Terminada la noche, él vuelve a su trabajo de pastor de bueyes y ella se queda tejiendo, anhelando ambos el próximo reencuentro.
Desgraciadamente para los amantes, su encuentro anual depende de las condiciones meteorológicas: si esa noche está despejada, también lo estará el camino que les unirá. Pero si esa noche llueve, la crecida del río Celestial impedirá a las urracas formar el puente.


En Japón, esta festividad en la que se festeja la reunión de los amantes se llama TANABATA. Una de las formas primitivas de celebrarla consistía en atar tiras de papel (tanzaku) de cinco colores (rojo, verde, amarillo, blanco y negro) que representan los cinco elementos (fuego, madera, tierra, metal y agua, respectivamente) con poemas de alabanza a los amantes a cañas de bambú recién cortadas y colocarlas en los tejados de las casas. Una vez acabada la fiesta se recogían y se arrojaban al río o corriente más cercano. En la versión moderna, se cuelgan papeles en los que se escriben deseos con la esperanza de que se cumplan y a la medianoche o al día siguiente se queman. El fuego de la quema eleva nuestras peticiones al cielo para que nos sean concedidas.

Están avisados, vecinitos! Y si se les pasa o no tienen una plantita a mano, hasta el domingo pueden dejar sus deseos en un espacio exclusivo que habrá en el Jardín Japonés y presenciar la quema en el Lago de ese hermoso Jardín zen. 

Nosotros ya pedimos.
Que se nos cumpla.
(La de la foto dio fe y fue testigo) 


Para mayor información: