01 noviembre, 2008

A los gritos pelados

No tallamos calabazas ni vamos puerta por puerta disfrazados diciendo Trick or Treat, pero a fuerza de tanta cultura pochoclera en la cabeza, sabemos que el 31 de Octubre se festeja en Estados Unidos la Noche de Brujas. Como en tierras argentas la tradición sólo abarca a chicos de country, el resto tendrá que buscar otras excusas u ámbitos para disfrazarse. Una alternativa amigable es organizar una maratón de películas de miedo o sentarse a disfrutar de los Scream Awards, la entrega de premios donde tanto las ternas como los que se llevan la estatuilla son votados por fans recalcitrantes del cine fantástico, de terror y el comic.
Algunas cuestiones que vale la pena observar en los Scream Awards:
  • La entrega de premios tiene una actitud rocker. No sólo se nota en los que asisten al evento, también quienes suben al escenario a buscar su premio: una estaca de mármol negra.

  • Los actores (supuestamente) serios se vuelven divertidos y los que ya son divertidos desbordan. Entre tanto freak puede aparecer Gary Oldman o Michael Caine, perdidos entre sombreros negros y mucho gloss.

  • Los gestos obsenos no sólo están permitidos, se celebran.

  • La voz en off del presentador es un cliché. Mucha risa tenebrosa y griterío, pero uno deja pasar el detalle porque el cine de terror casi siempre es eso: un cliché.

  • Todas las chicas lindas que gritaron, corrieron, tropezaron y patalearon infinidad de veces en Martes 13, Pesadilla, Scream, Se lo que hicieron el verano pasado y Cloverfield hacen acto de presencia en la ceremonia, dato de color para la audiencia masculina.

  • Las ternas de los Scream Awards son bizarras: Mejor grito, Mutilación más memorable, Super héroe más sexy, Mejor villano, entre otras.

En la entrega también hay espacio para los premios tributo. Tim Burton recibe su premio de manos de Winona Ryder, la novia del chico Manos de Tijera. El director Wes Craven, uno de los que revitalizó el género slasher allá por los 90 con películas como Scream y Pesadilla también se lleva su premio de manos de su chica, la famosa Cindy que atendía el teléfono en Scream.

En los Scream Awards hay para todos los gustos; hay adelantos de películas, los Smashing Pumpkins musicalizan la noche y Marilyn Manson es alabado con pompa y circunstancia.

Es probable que los Scream Awards no sean reconocidos ni políticamente correctos, pero los amantes del género estamos agradecidos. No hay nada mejor que ver una de terror una noche de invierno. Los dulces los compramos antes. No es cuestión de andar solos de noche, ridículamente vestidos, pidiendo trick or treat. Hay mucho Jason por ahí.

Aquí, los ganadores principales:

  • Mejor película de fantasía: Hellboy II

  • Mejor película de ciencia ficción: Iron Man

  • Mejor película de terror: Sweeney Todd, el barbero de la calle Fleet

  • Mejor director: Christopher Nolan (Batman, el caballero de la noche)

  • Mejor superhéroe: Christian Bale (Batman, el caballero de la noche)

  • Mejor actor en película de fantasía: Heath Ledger como Guasón (Batman, el caballero de la noche)

  • Mejor actor en película de terror: Johnny Depp (Sweeney Todd)

  • Mejor actor en película de ciencia ficción: Robert Downey Jr. (Iron Man)

  • Mejor actriz en película de terror: Liv Tyler (Los extraños)

  • Mejor actriz en película de fantasía: Angelina Jolie (Wanted)

  • Mejor actriz en película de ciencia ficción: Milla Jovovich (Resident Evil 3)

  • Mejor secuela: Batman, el caballero de la noche

  • Mejor show en televisión: Dexter


Los Scream Awards repiten hoy, sábado 1 de Noviembre, a las 0 hs por I Sat o el lunes 3 a las 0.50 por TNT.

24 octubre, 2008

Feliz en tu día


¡El vecinito de enfrente cumple un año de vida!
Gracias a todos los que siguen dando vueltas a la manzana por este vecindario.

05 octubre, 2008

Y el séptimo día

Smells like Salmón

Pepsi Music
Día 7
Club Ciudad de Buenos Aires
Allá vamos, Andrelo.

03 octubre, 2008

Beben y beben y vuelven a beber

True blood, la nueva niña mimada de HBO, empieza bien. Desde la primera escena uno evoca los clásicos diálogos y situaciones de las películas slasher, con esas parejitas cachondas que en plena acción las ajusticiaban sanguinariamente. Basta recordar a Jason, motosierra en mano, haciendo de las suyas. Salvando las distancias True blood se desarrolla con esa calma y normalidad que antecede a lo siniestro y promete tanto sexo y sangre como es posible en una película o serie sobre el género en cuestión. Su autor, el genial Alan Ball (creador de Six feet under), deja esos guiños por el camino, como las miguitas de pan de Hansel y Gretel para que sus seguidores vayamos alimentándonos y encariñando con su nueva creación. Además, entre tanto colmillo ensangrentado se cuenta una historia de amor.
Basada en los libros Southern Vampire Mysteries de Charlaine Harris, en la serie los vampiros han salido a la luz y viven en sociedad gracias al lanzamiento de un tipo de sangre sintética japonesa llamada Tru Blood. El consumo en los humanos tiene propiedades altamente curativas, aumenta la libido y agudiza los sentidos. Un detalle encantador es el marketing puesto en el producto. La botellita de diseño pop puede conseguirse en packs de 6 y se vende en bares y estaciones de servicio.


Aunque su comercialización y consumo es de conocimiento público, la cuestión levanta polvareda en una parte de la población, de ahí que los vampiros luchen por la igualdad de sus derechos y se manifiestan libremente, como cualquier mortal en programas de televisión.
Por otra parte, la historia de amor se centra en Sookie (Anna Paquin), una mesera con poderes telepáticos que se enamora de Bill Compton (Stephen Moyer) un vampiro recién llegado al pueblo donde transcurre la acción. Sookie es una mezcla de niña y mujer fatal que gracias a su habilidad telepática no para de fracasar en citas amorosas y vive aturdida por los pensamientos negativos, quejas y barbaridades que la gente piensa. Su abuela y su hermano completan el clan familiar. La señora, una romántica apasionada por las historias góticas, es capaz de recibir al vampiro en su casa con total naturalidad. Por el contrario el hermano de Sookie, un chico bastante rústico, descubre que muchas mujeres del pueblo tienen fantasías con los vampiros y algunas hasta disfrutan ser mordidas. La idea le repugna, más aún cuando su hermana se relaciona con uno de la especie. Sookie se enamora a primera vista del vampiro cuando descubre que con Bill sus poderes telepáticos fallan. No siente miedo, es puro deseo. El galán, como casi todo vampiro, es sensible, melancólico y domina admirablemente su sed de Sookie.
Los personajes secundarios recaen en Lafayette, el cocinero dealer del pueblo. Tara, prima del dealer y mejor amiga de la protagonista y por último Sam, dueño del bar donde trabaja la tierna lolita de la que está enamorado, obsesionado porque aparezca Buffy o Blade para llevarse lejos a su contricante, el vampiro.
True blood no es drama ni es comedia pero está llena de humor negro, seña particular de su creador. El inconveniente es que aunque se empeñe en mostrar a vampiros un poco bestiales y aterradores, no dejan de bordear el patetismo. Esto queda aún más en evidencia ante situaciones que deberían generar escalofrío y por el contrario, provocan risa.
Sin embargo no hay que olvidar que el terror es un espacio de catarsis y diversión. True blood entonces va por buen camino. Las motosierras y las caretas de hockey son cosa del pasado. Los vampiros son mayoría, están de moda y llegaron para quedarse.




True blood, todos los domingos, a las 22 hs. por HBO.

20 septiembre, 2008

16 septiembre, 2008

Muerto el Rey, viva el Rey

Adiós amigos adiós, ahórrense el melodrama. Hubo tiempo de sobra para saberlo y procesarlo. C' est fini. Después de siete años Harry Potter tiró la escoba. Dejó atrás calderos mágicos y encantamientos varios (hasta que le toque grabar la última parte de la saga) y se dedica a seguir engrosando su cuenta bancaria. Aconsejado por sus padres, Daniel el terrible Radcliffe compra obras de arte, recibe propuestas de casamiento a diario de ardientes jovencitas y exhibe sin pudor su anatomía en las tablas londinenses y en Broadway con la obra Equus, donde el (ex) cándido mago encarna a un joven obsesionado sexualmente con los equinos. El muchacho intenta como puede despegarse de la imagen del mago de anteojitos Lennon y cicatriz en la frente. Lo cierto es que Daniel Radcliffe será Harry Potter por los siglos de los siglos. Amén. Mezcla de héroe épico y adolescente común que logró zafar de las garras del mago más tenebroso de la historia que asesinó a sus padres, vive y padece como un condenado el desarraigo emocional y espiritual necesario para volverse un personaje sufrido, casi dickensiano. Pero siempre que llovió, paró. Joanne Rowling, autora de la gallina de los huevos de oro, supo desde el primer libro de la saga cómo terminarían cada uno de sus personajes. Supo que el ciclo lectivo en Hogwarts, la Escuela de Magia y Hechicería, tendría una duración de 7 años. Dio su palabra y cumplió. Hora de entregar la llave del reino.

Stephenie Meyer, una señora aficionada a la escritura, graduada en Literatura Inglesa, afilaba sus colmillos y salivaba como perro de Pávlov con sólo pensar en la idea de encontrar al sucesor capaz de tomar la posta. Y un día la inspiración llegó. Sangrienta y onírica. El sueño se hizo realidad y se llamó Crepúsculo. La historia de amor entre Isabella Swan y el vampiro Edward Cullen fue - literalmente - soñada por Meyer una noche de verano, cuando todavía no podía imaginar que la fortuna estaba tocando a su puerta. La noche que le hizo jaque mate al Rey Potter.
Con tres libros de la saga de los vampiros Cullen ya publicados (Crepúsculo, Luna Nueva y Eclipse) y el cuarto que llegará a las librerías porteñas los primeros días de Octubre (Amanecer), la señora Meyer se puso la corona y agarró el cetro con fuerza por un buen tiempo. Guste o no, la novela ascendió a la controvertida categoría de best seller y para los que despuntaron el vicio, el vampirismo llegará a la pantalla grande. El chupasangre aspira conquistar a los fans del mago y por si fuera poco corre con ventaja para triunfar en la misión: Robert Pattinson, el actor que interpreta al vampiro enamorado, fue anteriormente Cedric Diggory: un mago bello y popular que muere en Harry Potter y el Cáliz de fuego. Sí, el mundo es un pañuelo.
Crepúsculo se inscribe dentro de aquellas historias de pueblo chico, infierno grande con los condimentos que eso conlleva, es decir, somos pocos y nos conocemos y los secretos no están para ser guardados, sino divulgados. La acción transcurre en Forks, un pueblito cercano a Seattle. Por supuesto casi siempre llueve. La lluvia ayuda a que todo se vuelva más dramático y romántico. El punto de partida se produce cuando Isabella Swan decide abandonar el nido materno e instalarse en casa de su padre, policía del lugar. Allí debe lidiar, entre otras cosas, con el rótulo de ser la nueva del colegio donde conocerá a Edward.
Isabella es insegura, torpe y escurridiza. Físicamente es una chica bastante común, odia hacer gimnasia y ama leer las novelas de Jane Austen. Edward es un vampiro típico: tímido, ojeroso y con dificultades para hacer amigos. Como casi todos los de su especie, Edward reniega de su naturaleza pero aprende a sobrellevar la cuestión tratando de causar el menor daño posible. Es un bon vivant, se viste bien, es culto, conduce un auto caro y escucha a Debussy. Se ríe de los famosos mitos atribuidos a los vampiros. En la novela de Meyer los vampiros no duermen en ataúdes, pueden salir con la luz del día sin quedar reducidos a cenizas, son insensibles al ajo y se alimentan de sangre animal. Están tan preocupados por el medioambiente que se concentran en zonas con superpoblación de depredadores para no hacer caza imprudente. Vampiros ecologistas que le dicen.

A Rowling le costó trabajo volver visceral a su niño mimado. Recién en la tercera parte, y con la dirección de Alfonso Cuarón, las aventuras de Harry se volvieron más herejes. En definitiva, hubo que recorrer un largo camino para ver la metamorfosis de Harry en un chico con sed de venganza. Por su parte, los vampiros de Meyer son bastante inofensivos y asexuados. Habrá que darle tiempo. Cinematográficamente Harry siempre cuenta con un elenco británico deluxe (Ralph Fiennes, Emma Thompson, Helena Bonham Carter, Gary Oldman) y con escenarios majestuosos. Esta vez habrá que esperar hasta las vacaciones de invierno de 2009 para ver la nueva rebelión adolescente. El famoso final que se partirá al medio (estrategia comercial a lo Kill Bill), llegará entre 2010 y 2011.
Mientras tanto, sin demasiada grandilocuencia y con actores nada o poco conocidos, los Cullen probarán suerte. A pesar de jugar en segunda, por el momento, sería conveniente que Harry, si no quiere sumar otra cicatriz, oculte la yugular porque en otra vida seguramente Harry y Edward fueron amigos pero en esta, no.

18 agosto, 2008

El arte de envejecer con estilo

Todavía no lo conozco pero sé que será un compañero dulce y cariñoso. Lo llenaré de atenciones y mimos y lo llamaré Al Pacino. Sí, mi próximo perro merece un nombre de un gran hombre. No podrá ni querrá pasar desapercibido. Tendrá personalidad. Será macho, desbordará masculinidad a su paso. Sabrá como tratar a una dama, hará honor a su condición animal si es necesario y también será sinvergüenza, vanidoso y seductor. Con el paso del tiempo se convertirá en un bon vivant. Vivirá rodeado de comodidades, hembras y placeres hasta que le llegue la vejez y su principal preocupación sea mantener intacta su lucidez y tener una muerte digna.
Al gran Al Pacino se le perdonará todo porque es pura entrega. Cuando decida ponerse en movimiento lo hará con pasión sino no valdrá el esfuerzo.
Será clásico. Nunca pasará de moda. Será gracioso cuando la situación lo requiera y será malo pero no morderá.
Al Pacino es el hombre de las mil historias. Su cara no lo deja mentir. Es el macho con cara de perro que ha vivido bien. Intensamente. Que se casó con todas y con ninguna. Nació para eso. Y aunque tenga más achaques que pelos en la cabeza, aunque a veces se sienta acorralado y a duras penas logre salir ileso de una situación peligrosa, no pierde nunca la elegancia. Y él de eso tiene y mucho. Por eso siempre tendrá un plato de comida y un lugar asegurado en nuestra cama. Porque cuando sonríe y hasta cuando se enfurece es imposible no quererlo.
Y aunque el tiempo pase y nos pongamos viejos, Al Pacino lo hará con estilo y elegancia. Como lo hace un varón sensible y rudo a la vez. Una combinación perfecta.

17 agosto, 2008

En la variedad está el gusto

(Kevin Johansen + The Nada, La Trastienda, 7 de Agosto de 2008). Habían pasado unos minutos de las 9 de la noche cuando Kevin Johansen, el hombre de la voz grave, confesó haber llegado a las instalaciones del barrio de San Telmo gracias al combustible espiritual de Ari Paluch. Con chicanas, buscando la sonrisa cómplice, el paladín de las palabras inauguró así una nueva serie de recitales en La Trastienda dejando en claro que a partir de ese momento la solemnidad queda en la puerta y la incorrección es bienvenida.
Arriba del escenario la iluminación es tenue. Suena Ese lunar, una rumba flamenca. El público aprovecha el instante zen para terminar sus consumiciones, sacar fotos, grabar videos caseros y lograr un mejor ángulo de visión, pero la calma dura poco. Atento a las nuevas tribus urbanas Kevin comenta que en su banda hay un par de emos dando vueltas por ahí, aunque sobre todo son una banda glam y por ello sus cumbias también lo son. Le gusta esa palabra: glam. La usa bastante. En mi cabeza es entonces la cumbia glam que pone a todos a bailar, con ella la baja sensación térmica sufrida en el acceso al lugar unos minutos atrás queda en el olvido.
Kevin no cae en el lugar común de cantar sobre amores perdidos, tristezas y abandonos varios. Le interesan demasiadas cosas y esa variedad, es justamente la fortaleza de su propuesta musical. Nos mete de prepo en su imaginario donde las chicas rolingas se vuelven adictas a la bailanta, canta sus rezos a los santos, también a los turistas que recorren Puerto Madero y a las cumbieras que hablan de Jung y Simone de Beauvoir. Se expresa indiscriminadamente en gringo y en lunfardo, hurga en la bossa, experimenta con la murga uruguaya, los ritmos tropicales, hace rumbas con aires de milongas, mezcla funk con chacarera y se pone meloso con algún bolero y un poco de jazz. A pesar que algunos ritmos pueden causar escozor Kevin logra lo imposible: los deforma y le sale lindo. Además, este menjunje musical no hace más que ponderar sus dotes de gran cantante por encima de cualquier base musical.
Durante el recital hay homenajes a Don Atahualpa Yupanqui (Atahualpa, you funky), James Brown (Chill out, James) y confiesa sin ponerse colorado su amor por la actriz Susan Sarandon y le canta el bello tema folk Susan surrender. También hay tiempo para un set acústico que incluye temas de sus discos anteriores y del actual Logo. Con su guitarra al cuello cuenta el estado de enamoramiento obsesivo que lo llevó a escribir Hindú blues, coquetea con el bolero y las promesas de amor que suelen hacerse en Oops!, recrea un clima infantil con la canción de cuna La hamaca, deja a las chicas suspirando con Luna sobre Porto Alegre, comparte una lección sobre cómo afrontar una ruptura con dignidad en Desde que te perdí y da sobradas muestras de su buen nivel de francés en La chanson de Prevert.
De buen ánimo y en la mitad de su concierto Kevin se muestra abierto a lo que el público le pide. Se saca su campera de diseño de Palermo viejo, deja asomar las horas invertidas en gimnasio y canta Down with my baby, y con ella las mujeres caemos rendidas con su voz amodorrada a lo Barry White. Pero como en toda fiesta llega el momento de ponerse la corbata en la cabeza, el cantante y su banda se despachan con las canciones que todos queremos escuchar, los éxitos de hoy y de siempre: Mc Guevara's o Che Donald's, Daisy, La tangómana, una versión malambeada de We can work it out y le saca el jugo a su rol de showman con Timing, mientras recorre micrófono en mano todas las mesas y el primer piso del lugar, saludando y agradeciendo la presencia del público. La fiesta no termina. Pareciera ser que Kevin siempre quiere tocar todo su repertorio. El público agradece tanta verborragia y derroche de generosidad y baila en los pasillos porque ya es imposible quedarse sentado con Sur o no Sur, La chica rolinga o con la danza comunitaria que se produce con El incomprendido, polka mixada con Zorba el griego. Las chicas suben al escenario, se dan el gusto de besar a Kevin, le festejan la guitarra eléctrica de Hello Kitty que usa en S.O.S. tan fashion y todos cantamos la canción que da título a su cuarto disco: Logo.
Hay más temas, hay bis, hay clima de Amistad de borrachera y ese ranchera indica que ese sí es el final de una noche de mezcla infinita, como una buena degustación de postres. Distintos sabores. Distintas texturas. Imposible no tentarse con alguno.
Aquí, una muestra:


Kevin Johansen + The Nada siguen presentando su cuarto disco Logo en la Trastienda, el 21 de Agosto y el 4 de Septiembre.